Una discusión interminable


 

Hace 116 años discutimos si esta actividad es viable en Mendoza. Más de un siglo viviendo en una especie de “ni”. El asunto despierta tantas pasiones como zonceras y poca inteligencia.

  1. Arte de laborear las minas.
  2. Conjunto de los trabajadores que se dedican a la minería.
  3. Conjunto de los facultativos o expertos en minería.
  4. Conjunto de las minas y explotaciones mineras de una nación o comarca.

“Minería en Mendoza”. El recorte pertenece a una nota publicada el 20 de enero de 1900, en un diario del sur mendocino, llamado “San Rafael”. Hace 116 años, amigos. Resulta increíble que cobre actualidad, ya que, palabras más, palabras menos, profundiza una discusión de agotadora, aburrida, terrible vigencia.

He modificado algunas palabras para la mejor comprensión del texto, apenas. El resto es la transcripción total del artículo, publicado sin firma. Más allá de tener una posición personal respecto a la minería en Mendoza (escrito en 2011), considero que esta nota, aparecida -reitero- 116 años, demuestra el letargo de los mendocinos a la hora de asumir retos frente al presente y al futuro. Conservadores, como mínimo y siendo optimista. El gen mendocino paralizante.

Si hemos tardado 116 años para discutir un tema, casi en los mismos sorprendentes términos, se hace difícil avanzar en desarrollar esta geografía de forma seria, civilizada y profunda.

La única esperanza es que dentro de 116 años no continuemos dando vueltas sobre el mismo tópico, si acaso este mundo no ha volado ya en doscientos mil millones de pedazos

La nota de enero de 1900:

“Adormecida durante una larga serie de años la minería en Mendoza y abandonada casi exclusivamente durante todo ese tiempo, a manos de los que tan equivocadamente piensan que las minas son una lotería en que el descubridor es el propietario del billete sobre el que recae la Grande, ha venido luchando con el descrédito que esos mismos supuestos favorecedores de la fortuna le han creado, dentro y fuera de la provincia.

“Desgraciadamente, hasta ahora, hay quienes vienen sosteniendo por la prensa que las minas deben continuar siendo el patrimonio deparado por la casualidad a todo aquel, que no teniendo nada que hacer, se paseé por las alturas en busca de minas, para adueñarse en enseguida, sin más probabilidades de explotarlas que las que puede ofrecer la negación de toda noción sobre su trabajo industrial, ni el más insignificante recurso para hacer frente siquiera a los gastos de la tramitación legal para adquirir del Estado su concesión en forma, de manera de ofrecer al capitalista, por lo menos, la garantía de una propiedad bien adquirida, en cambio de las comúnmente disparatadas pretensiones con que responden a menudo a las proposiciones de aquellos de quienes racionalmente depende la verdadera valorización de las minas, por medio del trabajo o de los altos capitales que hay que destinar para que sea realmente provechosa, al particular como a los pueblos, su explotación industrial.

“Por fortuna, los poderes públicos de la provincia penetrados de la necesidad de ofrecer al capitalista minero, como al minero de buena fe y dispuesto a trabajar, todas las seguridades de una provechosa utilización de su trabajo o de su dinero, y que la provincia pueda obtener a su vez de ello las ventajas que es dado esperar de la industria bien dirigida, han reaccionado de la rutina y tomado medidas prudentes a fin de que esa industria se rehabilite cuanto antes del descrédito en que ha caído, y se levante en razón a la importancia que realmente tienen los diversos distritos mineros con que cuenta la provincia, tanto por la abundancia, como por la variada riqueza de sus filones.

Las minas-loterías son rarísimas en el mundo, y ellas son las únicas indudablemente que los atorrantes de la minería pueden explotar sin trabajarlas, en razón de la facilidad que despierta el interés del minero trabajador o la codicia del capitalista que encuentra en ellas las seguridades de una colocación inmejorable a su dinero.

“Desgraciadamente para Mendoza, los mejores pioneers de su industria minera, es decir, los primeros que le dedicaron toda su inteligencia, actividad y capitales, como los Villanueva, Correa, Galigniana, González, Maza, Blanco, Rickard, Raymond, Reta, Canto, Olmedo y otros muchos que se escapan a mis recuerdos, tuvieron que luchar con tan grandes dificultades en sus trabajos de rehabilitación de la minería en su tiempo, que, a la fecha, los que ellos sobrevive no le conservan siquiera el amor que supieron demostrarle.

A tan digna generación le sucedió el atorrantismo minero que destruye todo mineral que cae en sus manos, dificultando para lo sucesivo su explotación cientifica y metódica.

“Durante tan tristísima época, tengo entendido que una sola sociedad minera seria, la del Paramillo de Uspallata, se decidió a establecerse en la provincia, pero con tan poca fortuna en lo relativo a su dirección técnica, que a alguno de sus más renombrados ingenieros, decir de los entendidos, agotaron su capital con el establecimiento de trabajos inútiles de labores, hornos de fundición inadecuados y costosas construcciones sin objeto. Por ello se vieron obligados al arrendamiento de todos sus bienes y posesiones, para que otros consiguieran, como ha sucedido, los brillantes beneficios que le hubieran correspondido, si mejores manos hubieran dirigido sus primeras operaciones en el terreno.

La reacción, sin embargo, viene produciéndose poco a poco. Se prepara para en breve tiempo agitarse en todas direcciones de las sierras y cordilleras mendocinas al gremio de mineros y capitalistas bienhechores de la industria, en busca de los valiosos tesoros que encierran sus entrañas aquellas cordilleras solariegas hoy, pero hospitalarias y pródigas de riqueza para el que sabe explotarlas y dispone de los medios  para la extracción y elaboración de sus variadas producciones minerales.

“Por su parte, el gobierno de la provincia, no disponiendo por el momento de otros medios favorables a la anhelada reacción, ha puesto en vigencia, como he dicho, leyes de previsión que aminoran considerablemente desde luego los gastos tan elevados a los que tenía que hacer frente el minero para obtener el título de propiedad de su mina,  que tenía que pagar y costear de su peculio personal, de conformidad a las disposiciones relativas en el Código de Minería en vigencia.

Sorprendiendo quizá la buena fe de algunas dignas personas que no poseen minas, pero que ha seducido por la literatura de sus iniciadores, que pertenecen a los que especulativamente piensan que el porvenir de tan importante industria depende que el Estado, no sabiendo cuidar de sus bienes, permita que se apoderen de ellos personas que hasta ahora sólo han demostrado acá su deseo de poseerlos, con el único propósito de tener tarde o temprano algún derecho que oponer ante la verdadera explotación de sus importantes minerales.

“Como demostración de la manifiesta reacción a que me refiero, puede citarse la adquisición por distinguidos caballeros de la capital del valioso mineral de “La Cortaderita”, situado a 5 leguas al norte del Paramillo de Uspallata. Produce minerales para la venta en bruto, con leyes que viene variando entre seis y cuarenta y cinco kilos de plata en tonelada y de 10 gramos hasta 24 kilos de oro. Son leyes altísimas que aún se presume mejoren a medida que se profundicen las excavaciones existentes, y que hasta ahora no han llegado a más de 30 metros, donde recién empieza el macizo frío con metales en que predominan la plata nativa, los antimoniuros y rosecleres, como en los más ricos de los afamados minerales del Perú y Chile.

“Los pedimentos de más de 20 minas de cobre en el distrito de Valle Hermoso del departamento de San Rafael, por fuertes capitalistas de Chile que se proponen este año explotarlas en gran escala, ya en explotación provechosa en “Las Choicas”, pertenencia descubridora del mineral y de cuya alta importancia se puede dar una idea con sólo hacer constar que distinguidos ingenieros de minas como San Román, Martínez de Hoz y otros de menos renombre, que han podido calcular en más de 30 metros el espesor del principal filón cobrizo de tan valiosas minas.

“Con los trabajos que se prosiguen allí a costa del distinguido ingeniero señor Schatzmann, afortunado propietario de la concesión, ha podido constatarse que más propiamente aquello es un enorme incrustamiento de filones, al lado uno de otros, y cuyos espesor varía de 40 centímetros a un metro y medio cada uno.

“Este mineral se explota por el lado de Chile, por ofrecer allí actualmente muchas más facilidades su viabilidad, que asimismo se entretiene por caminos para mulas, reparados constantemente por la empresa del señor Schatzmann, y que, aunque mantenidos siempre en buen estado durante la época de los deshielos, no permite por cierto el establecimiento de una explotación permanente y a gran escala del mineral, lo que podría conseguirse por cierto, si el gobierno argentino quisiera preocuparse del  camino carretero hasta la villa de San Rafael. Se favorecería enormemente al distrito: se extraen los veranos de 450 a 500 toneladas de mineral, que se conducen a Valparaíso, para embarcar a Liverpool con un costo de seis libras esterlinas.

“Actualmente se prepara en Chile una expedición muy importante dirigida por el capitalista señor Lumley, concesionario de nuevas minas en el distrito de Valle Hermoso, para el establecimiento de los primeros trabajos de explotación de sus pertenencias y reconocimiento de los importantes yacimientos carboníferos de San Rafael, que ofrecen todas las condiciones requeridas para la fácil instalación de fundiciones de metales y que pueden dar margen al verdadero desenvolvimiento de la industria del cobre en la república, que aún sigue siendo en Chile la fuente más importante de su riqueza minera.

¡Lástima grande que aún los poderes públicos de la Nación no hayan percatado la necesidad de fomentar siquiera caminos carreteros para el desarrollo de tan grandioso mineral!

Pero mal puede, es cierto, pretenderse tan bella iniciativa, cuando aún esperamos la construcción de un puente a la altura de la estación Uspallata del ferrocarril Trasandino, para ligar con dicha línea los distritos mineros del Tontal, Hilario, Castaño, Tambillos, Paramillo y Cortaderita, que hasta hoy no pueden en verano utilizar esa vía, para disminuir siquiera los grandes gastos con que se recarga el mineral que se conduce hasta Mendoza, a fin de expedirlo a Buenos Aires.

Quizá si nuestro inteligente y activo ministro nacional de Obras Públicas hubiera tenido la oportunidad de quien le hiciera apercibirse de tan manifiestas necesidades, ya tendríamos en trabajo tan importantes y beneficiosas obras.

Tales son, finalmente, y en resumen, las perspectivas que ofrece en la actualidad la industria minera en Mendoza, contribuyendo aún todo a presagiar para el curso del año que saludamos hoy, que ellas serán todavía más hermosas, conforme lo dejan presumir la afluencia de capitales que se ha iniciado y la riqueza indiscutible de las numerosas mineras que están sembrando el vasto y rico territorio de la provincia.

 

Mdzol

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