Sobre «mitos» de la minería


 

El 11 de noviembre, el Sr. Jorge Arroyo publicó en este prestigioso medio una nota titulada «Mitos de la Megaminería» con algunos conceptos y afirmaciones que no coinciden con la visión de los miles de trabajadores argentinos (profesionales, técnicos y operarios) que realmente llevan a cabo esta actividad que se llama minería (sin aditamentos) y que con su trabajo y su producción mantienen dignamente a sus familias y contribuyen al crecimiento del país.

Desde la docencia, es necesario aclarar que los términos «megaminería», «minería tradicional» y «minería de socavón» no son propios de la ingeniería de minas y por eso son técnicamente incorrectos, y más incorrecto aún es pensar que la minería a cielo abierto es un invento moderno. El hombre siempre caminó sobre la superficie y en la mayoría de los casos los yacimientos se descubrieron por su afloramiento o por su expresión superficial. Por eso, la explotación habitualmente comenzó con una etapa a cielo abierto y, si el yacimiento se prolongó hacia abajo, se pasó a otra etapa de explotación subterránea.

Por lo general, la minería no compite con las actividades productivas preexistentes sino que se suma y agranda la economía de su región de influencia. Por ejemplo, la estadística del Instituto Nacional de Vitivinicultura nos muestra que en San Juan se mantiene la misma producción de uvas y vinos desde hace muchos años y que el importante desarrollo que se operó en la minería no la afectó sino que sirvió para incrementar el crecimiento económico de esa provincia.

Con respecto a los denominados «mitos» debemos hacer los siguientes comentarios:

Mito 1. La minería como motor de desarrollo: No se trata de un mito. En realidad el motor de desarrollo en todos los pueblos del mundo es la industria, pero la industria sin minería no existe. Por eso siempre afirmamos que la minería es «madre de industrias». Hoy vivimos dentro de confortables casas o edificios, disponemos de energía eléctrica y cañerías para el agua y para el gas, tenemos alimentos guardados en heladeras eléctricas y hacemos la comida en ollas y sartenes con el calor de cocinas a gas o eléctricas, y nos sentamos a comer con tenedor, cuchillo, cuchara, platos, copas y fuentes. Todo lo mencionado y todas las demás cosas que tenemos y usamos son productos de la industria a partir de materias primas de la minería.

Por otra parte, la minería ha construido nuevos establecimientos que son fuentes de producción que antes no estaban y ha generado miles de nuevos empleos para hombres y mujeres, con buenos sueldos y buenas condiciones de trabajo. Por eso, resulta totalmente incomprensible que la nota de referencia atribuya a la minería el «aumento del desempleo y la pobreza».

Mito 2. La minería genera empleo. Lo acabamos de decir. Miles de nuevos empleos para hombres y mujeres. No es un mito, es una realidad.

De acuerdo a un estudio realizado por la consultora ABECEB, en el primer trimestre de 2015 el «personal en mina» ascendió a 40.929 personas, y si se agregan los empleados de cientos de empresas proveedoras y contratistas, la cantidad de puestos de trabajo llega a 94.164.

Mito 3. La renta minera y su contribución al Estado. De acuerdo a las estadísticas de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros un 70% del valor de la facturación por exportaciones ingresa al país. Son divisas que las empresas deben cambiar por pesos para pagar todos los costos en el país: sueldos y contrataciones, pagos a empresas argentinas proveedoras de bienes, insumos y servicios, y aportes fiscales y no fiscales al Estado Nacional y Provinciales. Lo aportado al país por este mecanismo fue, en 2014, de 3.900 millones de dólares. Además, según la consultora ABECEB, el aporte total de la minería al Sector Público Consolidado en forma de impuestos y otras contribuciones (Nación más Provincias) fue, en el mismo año, de 10.700 millones de pesos. Todas son cifras concretas, no son mitos.

Vale la pena agregar que las desgravaciones en el impuesto a las ganancias están restringidas a las inversiones en prospección y exploración, hasta el estudio de factibilidad. Esto está legislado así, a propósito, para promover la exploración que es imprescindible para alumbrar yacimientos. Pero a partir de la puesta en producción de una mina, la empresa tiene que pagar los mismos impuestos que se pagan en otras actividades.

Con respecto a las últimas afirmaciones de la nota de referencia cabe hacer los siguientes comentarios:

  1. a) Empresas extranjeras. Al parecer, llama la atención que las inversiones más importantes (y casi las únicas en exploración) provengan de empresas extranjeras. Esto tiene una explicación muy simple. Durante el último gobierno de Perón, en 1974, se sancionó la Ley de Promoción Minera con el objetivo de direccionar la inversión de capitales argentinos hacia la minería. La ley tenía incentivos nunca igualados en ningún régimen promocional y estuvo vigente durante veinte años. Sin embargo, los inversores argentinos siguieron apostando a otras actividades y no invirtieron en minería. En 1993 se reemplazó esa norma por la Ley de Inversiones Mineras que puso en igualdad de condiciones a empresarios argentinos y extranjeros, y a partir de entonces las inversiones más significativas vinieron con las empresas extranjeras.
  2. b) Pasivos ambientales. Los pasivos ambientales que se encuentra remediando el Estado, como son los casos de Malargüe, Abra Pampa, Calingasta y San Antonio Oeste, son residuos mineros e industriales de establecimientos abandonados antes de la existencia de las normas ambientales. Vale la pena recordar que el derecho ambiental se incorporó a la Constitución Nacional en 1994 y en 1995 se sancionó la Ley de Protección Ambiental en Minería. En las minas que entraron en producción después de esa fecha no se registran pasivos ambientales que hayan generado problemas en su entorno. Incluso ante denuncias de enfermedades ocurridas en Catamarca, la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (FUNCEI) llevó a cabo minuciosos estudios y descartó que hubiera problemas de salud vinculados u originados por la actividad minera.
  3. c) Exportaciones sin valor agregado. Este es un punto muy interesante para analizar porque deberíamos copiar lo que hicieron los países desarrollados (Alemania, Francia, Gran Bretaña, Japón, EEUU, etc.) que montaron las fábricas para industrializar su propia producción minera. Nosotros podríamos hacer lo mismo pero mientras tengamos una sistemática oposición a la actividad minera ningún industrial se animará a invertir para poner una fábrica.

Eddy Lavandaio

Geólogo – Matrícula COPIG 2774″A» – DNI N° 6.297.713

Docente. Ex profesor de Geología de Yacimientos del INSUTEC de Mendoza

 

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