GE y Siemens: los pioneros de la energía se renuevan

La caída de los costes de las energías solar y eólica hace que sean más baratas que la generación de combustibles fósiles, lo que ha cambiado el modelo tradicional de la industria.

La empresa alemana Siemens, junto a su rival estadounidense General Electric (GE), han sido dos compañías icónicas de la era industrial. Ambas se fundaron en el siglo XIX y las dos crecieron desde sus orígenes en la industria hasta convertirse en gigantes corporativos en el siglo XX. Un siglo después los dos grupos comparten problemas similares, sobre todo debido a la revolución de las energías renovables. Esta alternativa energética amenaza con dejar obsoletos los modelos tradicionales de estas empresas, sobre todo en relación al suministro de equipamiento para la industria eléctrica.

La caída de los costes de las energías solar y eólica hace que sean más baratas que la generación de combustibles fósiles en muchas partes del mundo, lo que ha cambiado el modelo tradicional de la industria.

La inversión en las nuevas tecnologías se ha disparado. Las baterías de almacenamiento empiezan a ser una solución rentable para el mantenimiento de la red eléctrica. Esto ha llevado a que el mercado se centre en turbinas de gas de máximo rendimiento que se utilizan cuando hay mayor demanda. Aunque los dos grupos han tomado posiciones dentro del mercado de las energías renovables, no han dejado de tener problemas.

El resultado ha sido que GE y Siemens se han visto forzadas a hacer un recorte drástico de los costes en sus principales negocios energéticos. Siemens quiere hacer recortes en miles de puestos de trabajo en sus divisiones de energías y gas. El lunes, el nuevo consejero delegado de GE, John Flannery, desveló sus planes para renovar la empresa, cuya posición financiera es tan precaria, que la compañía ha decidido recortar el que en su día fue su sólido dividendo.

Aunque ambos grupos están haciendo frente a dificultades, el pronóstico a corto plazo es considerablemente más prometedor para Siemens, que parece estar en mejor posición de cara a los cambios que afectan a la industria energética.

 

Año desastroso

Por el contrario, 2017 ha sido un año desastroso para GE. En junio, hubo muchas preguntas en torno a la compañía cuando ésta anunció la salida de Jeff Immelt, su consejero delegado desde 2001. Las respuestas llegaron en octubre, cuando GE informó de una caída del 75% de los ingresos y estuvo a punto de reducir sus previsiones para el resto del año. Flannery, que asumió el cargo en agosto, describió estos resultados como “inaceptables, como mínimo”, y declaró que la compañía necesitaba “hacer mayores cambios, con urgencia”.

Tanto Siemens como GE se han expandido a otras áreas, como el equipamiento médico, pero las dos están condicionadas por sus orígenes en la industria eléctrica. Sus principales negocios energéticos, que este año representaron el 33% de los ingresos de GE y el 20% para Siemens, son los que están causando mayores problemas.

Los beneficios de Siemens procedentes de la división de energía y gas descendieron un 15% en el periodo 2016-2017 y los pedidos bajaron un 30%. Se espera que pronto se anuncien miles de despidos en una división con 47.000 trabajadores para abordar el enorme exceso de capacidad en el mercado de las turbinas de gas.

La situación no es mejor para la división energética de GE. Jeff Bornstein, el director financiero de GE que abandonará el cargo a finales de este año, explicó a los analistas el mes pasado que la dirección de la compañía estaba “muy decepcionada” con el desarrollo de la división, que registró una caída del 51% de los beneficios en el tercer trimestre. “El negocio ha experimentado los cambios del mercado y no nos hemos adaptado lo suficientemente rápido a los nuevos tiempos”, reconoció Bornstein.

Las expectativas de la dirección de GE para el tercer trimestre resultaron ser demasiado optimistas. Las ventas de turbinas de gas aeroderivadas, que se utilizan para el soporte de la red durante las cargas máximas, no llegaron ni al 50% del total previsto, mientras que las ventas de paquetes para mejorar la eficiencia de las centrales de gas llegaron sólo al 33% de lo proyectado.

En 2010, los analistas asumían que se podrían vender unas 300 grandes turbinas de gas al año, pero en 2013 tan sólo se encargaron 212 en el mundo. Este año, la cifra ha sido de 122.

El año pasado en EEUU, el gas siguió siendo el combustible más popular para la nueva capacidad de producción y ganó por poco a la energía eólica. Pero las ventas globales de GE de grandes turbinas han caído, con un descenso que va desde las 134 turbinas en 2009 a las 104 turbinas del pasado año.

Según Jeff Sprague, un analista de la consultora Vertical Research Partners, en el futuro próximo es probable que el mercado de las turbinas de gas siga teniendo dificultades. “No veo la luz al final del túnel en 2019 y no hay ninguna razón para pensar que la haya en 2020. La pregunta es si esto es tan sólo un problema cíclico o si es algo estructural dentro de la industria, lo que está empezando a causar problemas”.

 

Energías renovables

La bajada de los costes de las energías eólica y solar hace pensar que es un problema estructural. Jonathan Mir, del banco de inversión Lazard que controla los costes de las energías renovables y el almacenamiento de energía, afirma que “la combinación de los techos solares y las baterías de almacenamiento podría resultar rentable en India, en los países africanos y en otros lugares donde la red eléctrica no está bien desarrollada “.

Siemens y GE han querido unirse a la revolución de las energías renovables y han tenido un éxito relativo en la energía eólica. El año pasado, GE era el segundo mayor fabricante de turbinas eólicas del mundo. En abril, Siemens compró la compañía española de turbinas Gamesa y alberga grandes esperanzas de convertirse en el líder mundial en energías renovables. Pero Kaeser admite que la transición está teniendo un “comienzo accidentado”. La semana pasada, Siemens Gamesa anunció que despediría a 6.000 de sus 27.000 empleados para solventar la gran competencia y el exceso de capacidad.

En cuanto a la energía solar, ninguna de las dos compañías ha conseguido ningún logro reseñable. GE posee tecnología solar, pero ha abandonado sus planes para construir la mayor planta de producción de energía solar en EEUU, que iba a inaugurarse en 2011. Siemens hizo una gran apuesta por la energía solar en 2009, pero abandonó esta iniciativa en 2013, al no poder encontrar un comprador y verse obligada a cerrar sus operaciones. Los grandes nombres en la fabricación de paneles fotovoltaicos se encuentran principalmente en China, entre los que se incluyen Trina solar y Jinko Solar.

En los últimos años, en vez de inclinarse por las energías renovables, Immelt decidió aumentar la apuesta de GE por los combustibles fósiles. En 2015, GE invirtió 10.000 millones de dólares en comprar el negocio energético de Alstom, donde destacan sus equipos para centrales de carbón. A finales de ese mismo año, Immelt firmó otro acuerdo para combinar el equipamiento petroquímico y la división de servicios con Baker Hughes. Además, GE pagó 7.400 millones de dólares para crear la empresa conjunta en la que GE conserva una participación del 62,5%. Los beneficios de la empresa durante los primeros nueve meses de 2017 cayeron un 41%, sin contar los costes de reestructuración.

Siemens también ha tenido algún traspié con los combustibles fósiles. En septiembre de 2014, la empresa acordó pagar 7.600 millones de dólares por Dresser-Rand, una empresa que fabrica compresores para la industria del gas y del petróleo, justo cuando los precios empezaban a descender. Pero el error de la empresa alemana ha sido menos costoso y el éxito del negocio de la automatización de fábricas y equipamiento médico ha mantenido los ingresos.

Asimismo, GE tiene divisiones con un buen rendimiento, como las que fabrican motores de aviones y equipamiento médico. Algunos de sus problemas son claramente cíclicos y el reciente aumento del precio del crudo ofrece cierta esperanza para pensar que su sección petrolífera, Baker Hughes, conocido como la antigua empresa de GE, podrá empezar a mejorar.

El sector energético sigue siendo crucial para el futuro de GE. Sin embargo, Flannery tendrá que poner remedio a esta situación para poder estabilizar sus finanzas. GE podría seguir el modelo creado por Siemens en 2014, que aboga por una estructura más descentralizada. Kaeser lo llama un modelo de “fletar barcos”, con divisiones semi-autónomas y cotizaciones por separado.

“La era de los conglomerados anticuados ha llegado a su fin. Definitivamente, no van a sobrevivir”, afirma Joe Kaeser consejero delegado de Siemens.

 

 

 

Expansión

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