Minería: convertir la utopías en oportunidades

 

Sobre las oportunidades que se abren  a la Argentina en su comercio con China opinó para Télam  el Ingeniero Mario Osvaldo Capello, subsecretario de de Desarrollo Minero del Ministerio de Energía y Minería.

La simulación histórica de nuestra clase política y su escasa visión estratégica han dominado las decisión de de nuestra joven República. Los poco estadistas que tuvimos, chocaron con la pequeñez de las élites de su época.  Nada justifica que un país con semejantes riquezas haya expulsado a un tercio de sus habitantes a vivir en la pobreza. Esa estrechez promociona en nuestro tiempo que “da lo mismo  asistencia social que trabajo en blanco”.

El mundo se desarrolló y alncanzó grados de confort inimaginados gracias al uso de los minerales existentes en nuestra corteza terrestre. Fueron indispensables en el pasado,  lo son en el presente, serán cada vez mas importantes en el futuro. Resulta difícil encontrar una actividad humana que no los emplee, la mayoría no existiría sin ellos.

Suecia es lo que es gracias a la minería del hierro, que sigue explotándose a cielo abierto. En la comuna de Kiruna , la mina que da trabajo  a 2000 de 18.000 personas  de la ciudad resultó inmensamente más rica de lo que se pensaba. Después de 100 años de producción, dará hierro por muchísimo tiempo más. La ciudad nacida como reflejo de la mina, a solo 150 kilómetros del Polo Ártico, se está trasladando, nueva,  a 3 kilómetros de su actual emplazamiento , para permitir la continuidad del desarrollo.

Australia y Canadá, con los que nos gustaba compararnos, se despegaron de nosotros en todos los índices que se usan para medir la potencia de un país y la situación de sus habitantes. De un 11% a un 14% marca la participación  de la actividad minera en sus PBI.

Nosotros teniendo tanta riqueza de mineral como ellos no alcanzamos  el 1% del nuestro. No son sólo números, pongámoslo en la pobreza lograda, ya que de declaraciones prejuiciosas y extraviadas, se encuentra el origen, culpabilidad y responsabilidades frente a semejante desatino.

Desde 2007 a 2015, en nombre de nada cierto, cuanto más valían el oro, el cobre, la plata y el resto de los minerales, repelíamos la inversión extranjera directa.  En tanto, 80.500 millones de dólares llegaban a Chile, donde se abrían nuevas minas, generando miles de decenas de puesttos de trabajo, se creaban miles de empresas pymes proveedoras de bienes  y servicios, y el Estado recaudaba más impuestos que se destinaban a sus responsabilidades escenciales; otros 52.000 millones de dólares  llegaban a Perú. En ese mismo tiempo, a nuestro país apenas llegaron 10.000 millones de dólares.

Hoy, China sigue creciendo a más del doble de lo que lo hace Europa. Su PBI no es el de hace 10 años atrás, se mide ahora en trillones de yuanes. Su requerimiento de metales básicos -y fundamentalmente cobre- ha sido destacado recientemente por el ministro de Tierras y Recurso de la República Popular China, Jiang Daming, en la inauguración de la China Mining 2017. Argentina estuvo presente y ofreció el rojo mineral. En los diez proyectos más avanzados que tenemos existen reservas y recursos por 58 millones de toneladas de cobre fino, 38 millones de onzas de oro, 776 millones de onzas de plata y 1,3 millones de toneladas de molibdeno. El segundo productor mundial de cobre, Perú, exportó unos 2 millones de toneladas el año pasado.

Los principales países mineros del mundo estaban en Tianjin: las autoridades mineras de todas las provincias de Australia, la ministra de Canadá, también México y Brasil, Chile, Perú, Sudáfrica, entre otros. Todos buscando oportunidades en la tierra del principal consumidor de metales del mundo.

locales, muchas de ellas de altos estándares tecnológicos; generaría importantes ingresos fiscales nacionales, provinciales y municipales; y desarrollos ininterrumpidos por más de 30 años.

Hemos contribuido al insilio de millones de compatriotas, muchos terminaron constituyendo sin quererlo territorios en los que carencias elementales no pueden ser tapadas por ningún discurso; donde la actitud compasional -que de tanto en tanto nos informa sobre tragedias humanas- tampoco sirve para superarlas.

Las provincias cordilleranas están en condiciones de empezar a detener tantos desarraigos familiares producidos en los últimos 70 años. Por qué no soñar con retornos a los paisajes y cultura más queridos. La industria minera sustentable es el mejor instrumento que tenemos a mano para terminar con tanta desigualdad social en territorios donde su mayor riqueza no es soja ni trigo, carne ni leche; sino minerales de oro, plata, cobre, litio, uranio, zinc, plomo, tierras raras.

La sustentabilidad humana no existe sin desarrollo económico, su ausencia muestra vidas derrotadas por necesidades indisimulables. Tampoco se alcanza sin cuidado ambiental, el que hoy -gracias a la ciencia- podemos lograr y garantizar. La tercera pata de la sustentabilidad se llama equidad social, que se construye haciendo foco en desarrollos comunitarios, para los que la industria minera, en muchos pueblos, representa la única posibilidad de alcanzarlos.

Este nuevo tiempo, para ser diferente, debe estar acompañado de la mayor reparación social que se recuerde. No será posible hacerla si persistimos en prejuicios, rechazamos la ciencia, simulamos preocupaciones por la vida de los que casi nada tienen.

La propuesta del presidente Macri de poner en marcha toda la Argentina no se encasilla en categorizaciones del siglo XVIII que hoy no nos dicen nada: izquierda, centro, derecha. Está fundada en valores, los que se miden a diario por propuestas y acciones al servicio de una búsqueda utópica de igualdad.

No hay razones para no convertir la utopía en igualdad de oportunidades. Ninguna posibilidad de generar riquezas debe ser desestimada en la Argentina, por más que sea el deseo de nuevos dioses consagrados en un nuevo olimpo.

(*) Subsecretario de Desarrollo Minero del Ministerio de Energía y Minería.

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