El porteño inquieto que sumó otro desafío a su carrera


Fernando Hugo Giannoni (48) es el director Ejecutivo de Barrick y en esta entrevista exclusiva podés conocer más íntimamente al ejecutivo que lleva diez meses viviendo con su familia en la Provincia de San Juan.

 

Nació en el barrio bonaerense de San Martín y la mudanza familiar hizo que desde niño viviera en Paternal. “Es el barrio de Diego Maradona, donde está la cancha de Argentino Juniors”, aclara Fernando Giannoni, el director Ejecutivo de Barrick que, siendo adolescente, dejó los pagos del ‘Diego’ y se fue a vivir a Belgrano.

Amante del rock and roll, de los libros y del deporte, los recuerdos de la niñez que lo acompañan es lo aprendido de su padre, Ricardo, y la carpintería de su abuelo español donde pasaba horas de la infancia.

“Mi padre era profesional, doctor en Ciencias Económicas, y trabajaba en Capital Federal, por eso nos mudamos todos. Empezó de muy abajo, siendo ayudante de boletero en una empresa de transporte que hacía Buenos Aires-Mar del Plata. Después llegó a ser hasta dirigente gremial y presidente de esa compañía emblemática de los ‘50 a los ‘80. Él estudiaba mientras trabajaba”, relata Giannoni y describe a su familia como típica de clase media. Su mamá, Susana, aún vive y fue ama de casa dedicándose por completo a sus cuatro hijos.

“Mi infancia fue súper feliz, vivía mucho con mis abuelos que eran de España mientras mi padre trabajaba. Mi abuelo era carpintero, así que me la pasé de los 5 a los 12 años adentro de su taller. Me apasiona la carpintería, aprendí muchísimo y es una de las cosas que me relajan. No lo hago tanto porque no tengo taller, pero algún día cuando me retire voy a tenerlo”, detalla el papá de Renata (15), Francisca (13), Faustino (10) y Augusta (7).

Fernando Giannoni es el único hijo varón y el mayor de los hermanos. Dos de sus hermanas viven en Buenos Aires y otra en Miami. “Mis dos hermanas que me siguen en edad son licenciadas en Administración de Empresas, una trabaja en área financiera y la otra está haciendo trabajos free lance. Mi tercera hermana, la más chica, es chef”, comenta. El destino hizo que se repitiera la historia: él también tiene cuatro hijos, tres de los cuales son mujeres.

Fernando Giannoni, su esposa y tres de sus hijos. Augusta, su hija más chica, estaba en camino.

Giannoni cursó el Nivel Primario en una escuela pública que se llama República del Ecuador, ubicada en Paternal, y la secundaria la hizo en el colegio Hipólito Vieytes, que también es público y está en Caballito. “Justo cuando empezaba la Universidad se había instaurado el ciclo básico y como no quería perder un año o año y medio haciéndolo, comencé a estudiar abogacía en la Universidad de Belgrano”, explica.

Galileo Galilei, es la obra de teatro que fue a ver de pibe de la mano de su padre. Y fue determinante en la vida de este porteño que, en apenas diez meses, se enamoró de San Juan, la provincia que lo alberga mientras desempeña su cargo en Barrick-Shandong Gold.

“En la obra se debatía la ciencia, el pensamiento crítico en contra de la superstición, la intolerancia, los reaccionarios. Eso me inculcó mi padre de chico, pensar siempre con pensamiento crítico, basado en las ciencias y defender esos principios. La minería, como la agricultura antes y muchas actividades, se ataca con argumentos que no tienen ninguna base científica, fáctica y me parece que los que pensamos que la verdad es importante todavía tenemos que trabajar para defenderla”, comenta Giannoni y asegura que ese mensaje que recibió desde un escenario, al abrirse el telón, más la formación familiar, lo llevaron a aceptar la oferta de trabajar en la compañía minera dejando su plan de tomarse dos años sabáticos.  “Fueron seis meses nada más, ya me los tomaré más adelante”, dice.

AMOR A PRIMERA VISTA

Todo el mundo le dice “Lola”. Parece que se hubieran conocido ayer y ya pasaron 27 años desde el día que Fernando conoció a su esposa, Dolores Parera (36). Fue durante una salida grupal de amigos cuando él ya estaba graduado.  Lola es de una familia muy tradicional de Buenos Aires, de hecho su tatarabuelo fue el  autor del Himno Nacional, Blas Parera.

“Ahí enseguida me encantó, me enamoré de ella y desde ese día estamos juntos. Estuvimos de novios tres años y fue un noviazgo lindo. Yo era un chico de barrio, hijo de inmigrantes y ella era hija de una familia tradicional. Al principio me miraban con un poco de desconfianza pero después aprendimos a querernos”, comenta.

Inseparables. Lola acompañó a Fernando a la travesía en moto que se hizo por el camino a la Mina Veladero.

Fernando tenía 30 años, trabajaba en Pérez Companc como abogado y la empresa de tecnología AOL (América Online) le hizo una oferta porque querían lanzar sus productos en Latinoamérica. “Por entonces, era algo así como el Google de ahora. Nos ofrecieron irnos a Estados Unidos y ahí nos enteramos que Lola estaba embarazada, así que todo su embarazo, ella estudiando el último año de Psicología, lo vivió en Miami donde nació nuestra primera hija. Después hizo un Master en Psicodiagnóstico y hoy trabaja free lance”, detalla Giannoni.

¿Cómo son sus domingos? “Depende de cada domingo, siempre son distintos. A veces, me gusta quedarme a ver películas y deporte, otras voy a la cancha a ver mi equipo, San Lorenzo, cuando estoy en Buenos Aires. A veces salgo a andar en bicicleta y me voy hasta Punta Negra y vuelvo, me gusta mucho el deporte así que trato de hacer alguna actividad. Mi hobby está relacionado al deporte y carpintería que no puedo practicar porque no tengo espacio”, precisa el abogado que estuvo al frente de Legales en varias compañías y nunca ejerció de forma independiente.

Si bien eligió estudiar Abogacía, reconoce que le gusta más el Marketing. “También la Sociología, la Antropología, ciencias más humanas que no son ciencias exactas. Pero mi trabajo combino un poco de todas esas disciplinas, es que para manejar una organización hay que utilizar mucho la psicología, para diseñar políticas en una compañía hay que entender el ámbito en el que te movés, interpretarlos. Todo va a tender a que los profesionales más exitosos el día de mañana sean aquellos que puedan tener una mirada holística de las cosas”, detalla.

Paseo en la nieve. Giannoni junto a su esposa y dos de sus hijos

Es fanático de la ópera y mucho más del rock de los ’70, su preferidos son Peter Gabriel y “el mejor grupo en la historia”, Led Zeppelin. Lee unos seis libros al mes y de los que ha leído recuerda dos que lo marcaron: “Crimen y Castigo”, del autor Fiódor Dostoievski, y “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carroll. Tampoco falta Jorge Luis Borges en la selección de su lectura.

El futuro del mundo es una de sus preocupaciones. Pero no por él, sino por sus hijos. “Aunque yo creo que la situación mejora, en algunos aspectos macro, también hay mucha intolerancia, mucha locura todavía. Trato de no pensar, soy generalmente un optimista”, dice el porteño que prefiere el asado a la hora de elegir qué comer.

TRABAJADOR E INQUIETO

Giannoni, a su corta edad, tiene algo pendiente y es ganar una medalla olímpica “porque nunca le pude dedicar el tiempo al deporte, aunque hice toda la vida”. El ejecutivo comenzó a trabajar desde muy joven, ya sea en distintas empresas multinacionales como en emprendimientos personales.

“Siempre con mi familia me moví por distintos lados y la última etapa de mi carrera trabajé 13 años en agricultura, en Monsanto. Me dediqué a desarrollar proyectos de energía renovable, armé un equipo y lo hice para Argentina, más que nada como hobby y salió la propuesta de Barrick. La verdad me interesó muchísimo porque siempre pensé que la minería era injustamente atacada y que era una gran posibilidad que tenía Argentina de potenciar su economía en los próximos años. Y si podíamos mostrarle a la gente todo el valor que tiene la minería para las provincias como San Juan, podía ser una contribución positiva. Me interesó el desafío y lo asumí” explica.

Miami, Puerto Rico y Paraguay son los países en los que vivió Giannoni por su trabajo y también porque le atrae el cambio de vida.

Fernando y su único hijo varón, Faustino, que hoy tiene 10 años.

“Soy muy inquieto y curioso y he participado en un montón de grupos porque me gusta aprender cosas. Me encanta aprender idiomas, hablo inglés, francés, italiano, portugués, y estoy aprendiendo chino desde hace un par de años y cuando termine estoy pensando en el japonés”, sostiene.

Giannoni está convencido de que las profesiones no deben limitar el ámbito de actuación. “Creo en la gente creativa, talentosa, inteligente y que mi formación profesional no tiene que ser un límite, al contrario, tiene que ser un trampolín. Yo he dado conferencias sobre el emprendedurismo y uno tiene que saber, cuando es emprendedor, que los proyectos exitosos son un 10%, pero eso es la parte buena porque emprender significa ser tenaz para perseguir un objetivo y cuando falle emprender otro objetivo nuevo. Eso le agrega un condimento interesante a la vida, hacer algo y si no me sale mala suerte, emprendo otro camino”, comenta.

LOS PLANES

“Estoy abierto siempre a todo, no me veo no haciendo nada, sino siempre haciendo cosas. No sé cuál es mi lugar en el mundo, mi lugar en el mundo es el lugar donde estoy, hoy es San Juan mi lugar en el mundo”, sostiene.

Junto a los cuatro. Fernando Giannoni sacándose una foto con sus cuatro hijos.

 

A Giannoni le gustaría, en algún momento, retirarse de la vida corporativa “y tratar de cambiar 180 grados lo que venía haciendo, dedicarme a un servicio público y trabajar un poco para el país, para algún proyecto que me entusiasme. Esa puede ser una posibilidad. Me encantaría también trabajar en arbitrajes  internacionales con todas las industrias y todos los sectores en los que he pasado. Pero más pensando en trabajo que pueda contribuir con algo”, señala al ser consultado sobre cómo se ve a futuro.

 

 

 

 

 

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