La hora de la economía del litio

Se usará en las baterías de los coches eléctricos y en las de hogares y fábricas Habrá que ir resolviendo factores medioambientales, aunque una parte puede reciclarse

Las baterías de litio están omnipresentes en nuestra vida cotidiana. Son necesarias para alimentar desde diminutos dispositivos hasta sofisticados vehículos eléctricos. La previsión es que su consumo aumente en los próximos años, especialmente fomentado por la eclosión del internet de las cosas y otras aplicaciones tecnológicas.

Aunque las reservas de litio parecen estar aseguradas, la producción no está ausente de dificultades; el precio de la materia prima no para de aumentar. Por una tonelada de carbonato de litio en el año 2011 se pagaban 4.000 dólares; hoy el precio supera los 14.000. Australia es el mayor productor, seguido por Chile y Argentina. Países como China, Canadá, México y USA, entre otros, también tienen instalaciones ya operativas o en fase de prospección. De cualquier forma, hay pocas explotaciones a nivel mundial y las nuevas incorporaciones se producen lentamente.

La economía de extracción varía sensiblemente en función del área geográfica. Por lo general, en las regiones áridas suramericanas, que disponen de vastas llanuras salinas, la extracción resulta más sencilla y económica, comparada con otras regiones, en las que se tiene que extraer desde cotas más profundas de la tierra.

El primer caso se beneficia de un proceso muy conocido y asequible, basado en la gestión de salmueras y una fase de evaporación solar. En el segundo caso, el proceso estaría más asimilado con la minería tradicional. Para tener una idea genérica a nivel económico, el segundo caso puede llegar a duplicar el coste frente al primero (aunque hay muchas disparidades).

A nivel de inversión, la experiencia reciente pone de manifiesto que en varias instalaciones de litio no se llega a obtener el 100% del rendimiento estimado al inicio del proyecto (debido a distintos factores). A esto se suma que algunas compañías mineras se inician en este particular mercado y no acumulan, por el momento, suficiente know-how. Otro aspecto a tener en cuenta es el cálculo del payback para este tipo de proyectos, que obviamente depende de múltiples variables. Pero hay una referencia en la que muchos coinciden: el payback no debería ser superior a 25 años. La razón es sencilla: se considera que, pasado este periodo, ya habrán aparecido en el mercado otras alternativas al litio, lo que se traducirá en una sustancial presión a la baja de los precios para la materia prima.

La mayoría de los nuevos proyectos se orientan a la extracción en cotas profundas. A pesar del coste, este incremento de capacidad productiva es imprescindible para poder mantener el ritmo de demanda potencial estimada. Pero las cosas pueden cambiar: sirva como ejemplo el caso de Tesla.

Recientemente, el estado de Australia del Sur ha experimentado problemas con el suministro eléctrico.

Esta extensa zona australiana tiene la particularidad de haber apostado con firmeza por las energías alternativas. Algunos culpan de esta situación a la excesiva utilización de estas fuentes de energía (viento intermitente, etc.) y presionan a sus políticos para terminar con los cortes eléctricos.

Es entonces cuando aparece en escena Elon Musk, CEO de Tesla, afirmando que su compañía tiene la solución: una superbatería de iones de litio. En ausencia de suministro eléctrico, la batería entraría en acción como salvaguarda de la red. A Musk le van los grandes retos y suele salir airoso de ellos.

Con tal de vencer el escepticismo inicial para instalar una batería de estas proporciones, se le ocurrió escribir este demoledor tuit: “Tesla se compromete a instalar y poner en operación este sistema en un máximo de 100 días o si no les saldrá gratis”. La Administración australiana le adjudicó el pedido.

La batería, estrenada el viernes pasado, es la mayor del mundo en su género, con una capacidad de 129 MWh, capaz de suministrar hasta un 10% de la energía necesaria para toda la región durante una hora. Muchos son los efectos positivos que se derivan de esta iniciativa, pero también puede inducir algunos problemas.

Veamos la previsión de Tesla. La compañía californiana pretende fabricar hasta 500.000 vehículos Model 3 en 2018, además de su producción de coches de lujo Model S y Model X. Para asegurar el crucial suministro de sus baterías, ha construido una Gigafactoría en el Estado de Nevada (EEUU), en asociación con Panasonic; tiene previsto que en 2020 alcance una producción con capacidad equivalente a 35 GWh por año (más que todo lo que se produjo a nivel mundial en el 2013). De aquí también tendrán que salir sus baterías Powerwall y Powerpack, para gestión y almacenamiento de energía doméstica e industrial.

Cada vehículo Model 3 integra una batería de entre 55 kWh y 75 kWh, en función de la versión y autonomía del coche. En principio, la demanda prevista parece más que asumible para esta Gigafactoría en un horizonte a medio plazo. Sin embargo, si se añaden nuevas aplicaciones de gran calibre, como las superbaterías y otras innovaciones que puedan aparecer, la fábrica puede quedarse pequeña antes de lo previsto.

Si ampliamos la perspectiva a otros fabricantes y aplicaciones, las necesidades de litio a nivel global pueden aumentar más frenéticamente. Obviamente, construir más fábricas es posible, pero habrá que disponer del litio y, además, a un precio que permita su comercialización para estas aplicaciones.

Por otro lado, también habrá que ir resolviendo factores medioambientales, aunque una parte del litio ya utilizado puede reciclarse. En síntesis, la evolución del precio del litio va al alza, pero la oferta y la demanda pueden verse sometidas a severos vaivenes en un futuro no tan lejano.

 

 

Cinco Días

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