El planeta tiró a la basura 180 billones de pesos


 

Un estudio reveló que en 2016 unos 44,4 millones de toneladas de “tecno basura” terminaron en basureros, con las consecuencias ecológicas, sociales y ambientales que esto trae.

Marshall McLuhan fue un teórico de la comunicación que soñó con un mundo interconectado que, a través de maravillas tecnológicas, se asemejara a una aldea global. Su sueño parece haberse hecho realidad. El problema es que ni el señor McLuhan, ni quienes hacemos parte de esa aldea planetaria, alcanzamos a imaginar el costo ambiental de nuestra hiperconexión.

Por eso, la Universidad de las Naciones Unidas, en asocio con otras organizaciones, decidió hacer un informe anual para medir lo que pasa con la “basura tecnológica” en el mundo. Su más reciente informe, el “Global E-waste Monitor 2017”, reveló las cifras aproximadas de este problema.

El número más contundente del informe es la cantidad de basura que se produjo en el mundo en el año 2016: 44,7 millones de toneladas. Un peso equivalente a nueve grandes pirámides de Giza, 4.500 Torres Eiffel o 1,23 millones de camiones de 40 toneladas cargados por completo: lo suficiente para formar una línea desde Nueva York hasta Bangkok.

La peor parte es que estos productos tecnológicos, que abarcan desde computadores (portátiles y de escritorio), tabletas, televisores y smartphones, pasando por electrodomésticos y bombillos fluorescentes, son fabricados con componentes químicos y materiales que son costosos y en ocasiones potencialmente peligrosos para la salud.

Por ejemplo, un celular contiene una cantidad ínfima de metales pesados como cromo y plomo. Son cantidades inofensivas hasta que se forman pilas enormes de smartphones en los basureros del mundo. Los gases refrigerantes de las neveras, por ejemplo, cuando se liberan al ambiente se convierten en el peor coctel posible para el calentamiento global. De hecho, un informe de este año reveló que la estrategia más efectiva para reducir la emisión de gases efecto invernadero, es gestionar mejor estos residuos.

El problema es que la gestión de esta basura del siglo XXI parece haberse quedado en el siglo XV. De acuerdo con el informe, 61 países tienen leyes para regular la materia, pero sólo 41 tienen estadísticas confiables que permiten medir el éxito o fracaso de estas leyes.

Colombia, por ejemplo, hace parte de los siete países latinoamericanos con una ley que regula la disposición final de aparatos electrónicos. De acuerdo con la ONU, en 2016 en el país se botaron 275.000 toneladas de “tecnobasura”. Esa cifra viene creciendo: según esa misma entidad, entre 2012 y 2015 esa cantidad aumentó 19 %.

Lo más grave es que el país –como el resto del mundo– recicla una mínima parte de esta basura. En el mundo, el valor de materiales reciclados asciende a un tímido 20 %. En nuestro país se estancó en el 10%. Lo curioso es que reciclar esas cantidades exorbitantes de oro, plata, cromo, cobre y otros de metales, podría haber generado ganancias por un valor de 64.717 millones de dólares en 2016. Eso es poco más de la mitad de la deuda externa colombiana.

La solución no es fácil. Si bien se requiere una gran dosis de voluntad política por parte de gobiernos y fabricantes para crear marcos legales claros, también es necesario que quienes poseen estos aparatos sean conscientes de que estos residuos jamás deben botarse junto al resto de su basura.

 

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