Economías regionales, un motor queno arranca y condiciona el futuro


Son el factor clave para convertir al país en el “supermercado del mundo”, pero desde hace décadas carecen de apoyo nacional. Esas producciones sostienen a cientos de miles de pymes y son estratégicas para combatir el desempleo y la pobreza en Salta.

El presidente de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), Carlos Iannizzotto, sostuvo recientemente que los objetivos del Gobierno nacional “están orientados principalmente a la pampa húmeda y, desde Coninagro, elaboramos un proyecto para apuntalar las economías regionales”.

El dirigente ruralista destacó que el desarrollo regional “no es solo una herramienta para el fortalecimiento económico, sino que también apunta al desarrollo demográfico armónico de nuestro país”, y detalló: “…para que quienes viven en el interior encuentren un futuro digno y no deban migrar a los bolsones de pobreza que se juntan en los anillos periféricos de las grandes ciudades”.

Esta definición es una interpelación a la realidad de Salta: pensar la provincia requiere recuperar peso federal, defender los intereses locales y superar, para que esa posición sea razonable, el centralismo agobiante que hoy sufre la provincia, por el desequilibrio entre el desarrollo de la ciudad capital y el abandono que sufre la mayor parte de la provincia.

Todos los datos de pobreza, producción, valor agregado y empleo obligan a pensar que, de una vez por todas, la dirigencia de Salta debe empezar a proyectar el futuro.

 

Las fortalezas debilitadas

En primer lugar, hace falta analizar las fortalezas potenciales. Está empíricamente comprobado que el desarrollo de una industria agroalimentaria, que solo será posible con otra educación y con incorporación tecnológica, es la plataforma para salir del pantano de pobreza y empleo degradado que hoy sufre Salta.

Pero en Salta está vedado el avance de las fronteras agropecuarias. Quienes ponen esas barreras parecen pensar que sin exclusión perderíamos identidad.

El turismo, que es una maquinaria permanente de innovación, ingresos y trabajo, no es una actividad de evolución inercial. Es una oferta convocante, que se sustenta en una política enérgica y dirigida por funcionarios idóneos. En Salta, desde hace una década, el turismo carece de innovación que ahora si se nota en Jujuy y en Tucumán.

En tercer lugar, la minería requiere inversiones multimillonarias que solo vendrán a la provincia si esta le ofrece garantías.

Con veleidades ambientales, esas garantías no existirán y los mineros seguirán mudándose a Chile. Y no basta con que vengan: hay que condicionar la inversión minera al impacto económico y social en nuestro territorio.

 

 

 

El Tribuno

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