Sobre la línea de flotación


 

 

Años atrás, cuando recién despuntaba la minería metalífera como gran fuente de recursos para San Juan, participamos como expositores (en nuestro caso de la historia legal de la actividad), en el Hotel Emperador de Buenos Aires de una conferencia junto al economista Rodolfo Santángelo, socio de Carlos Melconián, por lo menos en aquel momento. A su turno, tuvo una expresión muy sintética y feliz respecto del papel de los recursos naturales en la economía calificándolos como “flotadores”. A su juicio, sirven para mantener cierta estabilidad en momentos difíciles, sobre todo cuando son exportados y sus principales mercados no se afectan por avatares de volatilidad como habitualmente pasa con nuestros países. Esto es lo que viene sucediendo con nuestra provincia desde hace unos 10 años, momento desde el cual se vive una bonanza económica que no sólo abarca a ciertos rubros de la actividad privada bastante diversificados, sino también a otros que no parecen cercanos a la minería, como la construcción o la venta de camionetas.

Recientemente se han producido dos cambios muy influyentes en el devenir económico inmediato, una violenta devaluación del 20% y un alza impresionante de la tasa de interés. Considerando esos dos factores, hay algunos distritos que se verán en problemas serios y otros que se ven favorecidos. Entre estos últimos está San Juan. La provincia es neta exportadora de metales preciosos que tienen buenos precios, más allá de las naturales variaciones de cualquier mercado de commodities. De un momento a otro se ha visto con ingresos netos mayores a los previstos más o menos en la misma proporción de la devaluación porque seguirá vendiendo afuera en dólares y por ellos recibirá más pesos. Aumenta rápidamente la competitividad del sector dado que todos sus costos seguirán cotizando en pesos y sus ventas en dólares, devaluación de por medio la cuenta es sencilla. Por otro lado, el alza de la tasa de interés, como es lógico, perjudica a todo aquel que necesita plata para financiar sus gastos corrientes o alguna otra cosa. Esa “alguna otra cosa” se puede reprogramar pero no los gastos corrientes, para cubrirlos hay que buscar recursos todos los meses y obtenerlos de donde sea y como sea. Sueldos de administración, servicios como salud, educación, seguridad y justicia son máquinas que requieren de carne cada vez que hay que hacer el asado. Si se pide afuera se tiene el tema del dólar caro (la recaudación seguirá en pesos) y si se pide adentro se tiene el problema de la tasa de interés. A nadie le gustaría estar en esa situación. Por el contrario, si se tiene dinero excedente puesto a interés en distintas colocaciones, habrá una amplia gama de oferta de inversiones financieras para elegir. San Juan está en el mejor mundo luego de los cambios recientes: no debe plata o los montos que debe son irrelevantes, la Nación le debe por anticipos pagados para garantizar continuidad de ejecución de obras nacionales, tiene tres nóminas salariales completas (algunos dicen que más) depositadas en diferentes activos financieros beneficiándose con el alza de tasa y, como ya hemos dicho, ahora vende en mejores condiciones. Aunque aquí por razones prácticas hemos hecho una mezcla, es importante no confundir provincia con Estado provincial y menos sólo con Poder Ejecutivo. Pasa que la actual situación le viene bien tanto al sector privado exportador como al Estado. Si alguna empresa minera hubiera estado pasando por algunos problemas, estos fueron solucionados de golpe y en poco tiempo, con la eliminación de retenciones y ahora esta devaluación. Igual, no se debe omitir tener en cuenta la vulnerabilidad intrínseca que implica depender de una actividad finita y con plazos fijos y predeterminados de corte por agotamiento de los yacimientos, algo que se calcula para 2022-2023. Pero también es posible que la actual situación permanezca durante algún tiempo y promueva inversiones en exploración que puedan sustituir las minas que se van agotando. En realidad, lo que está en explotación es un porcentaje mínimo de lo que podría haber.

San Juan está cosechando los frutos de las buenas acciones del pasado, recursos naturales y buena administración.

En la reciente reunión del B-20, el geólogo Ricardo Martínez repitió lo que viene diciendo desde hace años: San Juan podría ser Dubái, de explotar lo que tenemos a la vista podríamos dar trabajo a 80 mil familias, o tener minería durante 100 años. Obvio que para ello no sólo hace falta tener los yacimientos que no se moverán de lugar, sino sobre todo condiciones imprescindibles como energía, caminos, infraestructura, estabilidad jurídica y leyes claras para que todos sepan lo que deben hacer y sacar cuentas. En definitiva, San Juan está cosechando los frutos de dos buenas acciones del pasado: recursos naturales y una buena administración del Estado. Para lo primero hizo falta una legislación que alentara la llegada de inversiones y gobiernos locales y nacionales que abandonaran aquella vieja teoría de los “recursos estratégicos” que se mantenían bajo custodia militar. Para lo segundo, el abandono de la creencia de que el Estado es el que debe ser ejecutor de la economía real y creador de empleo, así como entender que no es conveniente gastar más de lo que se recauda. No es cierto que la vaca da leche, para tener leche hay que ordeñarla y eso requiere trabajo y el esfuerzo de levantarse todos los días antes que amanezca. Tampoco es cierto que sea el Estado el que crea la riqueza, debe ser el que promueva las condiciones para que los individuos la generen con creatividad.

Por Ricardo Olivera. Diario de Cuyo

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