Nueva oportunidad


 

A dos meses del cierre definitivo del mayor proyecto minero provincial, Bajo La Alumbrera, la empresa anunció que continuará trabajando en Catamarca, aunque con otra modalidad. Es decir, una vez concluida la explotación a cielo abierto, en julio próximo, desarrollará la explotación subterránea, lo que prolongará la vida útil del proyecto 10 años más. Según precisó, la UTE Minera Alumbrera-YMAD realizará una inversión inicial de 161 millones de dólares entre 2018 y 2019, y estima alcanzar los 280 millones de dólares hasta 2029. El desarrollo de las tunelerías y la infraestructura le demandará 16 meses, con lo cual la producción de mineral comenzaría en el segundo semestre del año próximo. El volumen de producción previsto es de 87 mil toneladas anuales de concentrado de cobre, y en cuanto al empleo adelantó que el proyecto que se pondrá en marcha “requerirá recursos técnicos y humanos acorde a este nuevo nivel productivo”. Y, por cierto, “extenderá la generación de beneficios para las comunidades, la provincia de Catamarca, el Estado nacional y los socios de Alumbrera, en materia principalmente de regalías, ingresos fiscales, participación y dividendos”, informó la empresa. Si bien no se trata de los mismos montos de inversión, ni por lo tanto de regalías y utilidades, que dio el proyecto a Catamarca y al país desde 1997 con la explotación a cielo abierto, sí representa una nueva oportunidad para mejorar la puntería en materia de política minera y de transparencia y racionalidad en el uso de los recursos futuros.

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En efecto, porque la historia de la minería a gran escala en la provincia ha sido, sobre todo en los años más bondadosos, la crónica del despilfarro y la venalidad en algunos casos puntuales. Es más, todavía siguen dando vueltas por los despachos de la Justicia y del Tribunal de Cuentas los expedientes que involucran a ex intendentes y funcionarios sospechados de haber usado los recursos de la minería en gastos corrientes, o lisa y llanamente superfluos –como festivales y eventos sociales-, sin ninguna responsabilidad respecto a lo que verdaderamente debían hacer con ellos: fomentar el desarrollo en sus comunidades con obras de infraestructura productiva, tal como indicaba la ley. Para tener una noción concreta de la “oportunidad desaprovechada”, alcanza con indicar que entre 2004 y 2016, el período de mayor producción de Alumbrera, la provincia embolsó solo en concepto de regalías mineras por ese proyecto $1.678 millones, de los cuales $566 millones fueron a parar, en partes iguales, a los municipios de Andalgalá y Belén. Mientras que en ingresos fiscales, Catamarca recaudó gracias a Alumbrera más de US$ 1.176,9 millones. Una renta minera extraordinaria, y quizás irrepetible, que podría haber transformado el horizonte económico catamarqueño.

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Que Bajo La Alumbrera pueda seguir produciendo, aunque a menor escala, durante una década más representa una señal más que alentadora del sector minero a la provincia. Porque se da en un momento de la economía argentina en que las inversiones extranjeras esperadas por la gestión Macri no solo no llegaron, sino que además parecen alejarse al ritmo de los vaivenes financieros y políticos. Y también marca, nuevamente, un contraste notorio respecto a Agua Rica, el gigante dormido cuyo destino parece atado, al menos hasta aquí, a la incompetencia de autoridades y empresarios que no supieron cómo ponerlo en marcha durante bastantes años de gestiones inoficiosas y carentes de visión. De hecho, tanta desidia derivó en lo previsible: la Justicia ordenó paralizar el proyecto Agua Rica hasta que logre garantizar que no afectará el medio ambiente y la seguridad de los habitantes de Andalgalá. No habría llegado a este punto si no fuera por la ineptitud de sus responsables. Por lo pronto, Bajo La Alumbrera promete seguir siendo la contracara de tal experiencia.

 

 

 

Ancasti

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