El balance hídrico de los salares no es opcional


 

En las últimas semanas el rostro de la Ministra de Medio Ambiente de Chile, Carolina Schmidt, ha estado muy presente en la prensa en general. El mensaje ha sido uno: las empresas deben hacerse responsables de su quehacer sin afectar con ello a la población, y será el Estado de Chile el que velará porque eso suceda. A esta advertencia se suma un movimiento mucho más fuerte, el de una comunidad empoderada que es parte de una sociedad cada vez más comprometida con el bienestar y con hacer valer sus derechos. “Hacer la vista gorda” con el entorno es algo que hoy ya no es opción para las empresas que quieran participar activamente del desarrollo en Chile.

Este tema corre para las compañías de todo el país y no sólo para las que están ubicadas en la Bahía de Quintero, que por estos días ha acaparado la atención. En este sentido, lo que ocurra con el balance hídrico de las cuencas hidrográficas e hidrogeológicas, y también con la criticidad de las aguas subterráneas del norte es muy relevante, especialmente para las que son parte del desarrollo de la minería.

En este contexto, casos puntuales como los de las mineras Escondida y Zaldívar y sus solicitudes de agua cobran relevancia. Distintos estudios dan cuenta del importante impacto que las faenas mineras han tenido en las aguas subterráneas en la zona sur del Salar de Atacama con impacto en la flora y fauna de nuestro frágil ecosistema desértico.

En el caso del litio y toda la minería no metálica, esto se vuelve aún más relevante, porque gran parte de las reservas de litio y potasio están en las aguas subterráneas de los Salares de nuestro País y se necesita sacar agua por pozos para hacer la extracción del mineral.  Las lagunas y bofedales que se encuentran en los salares son producto de cuencas endorreicas que no tienen salidas naturales a otras cuencas. Su única alimentación de agua son las esporádicas precipitaciones y su salida es la evaporación y la extracción de pozos. Por eso, su equilibrio -que permite la vida a distintas especies, entre ellas los característicos flamencos rosados- es tan importante.

Desde hace un tiempo la normativa exige a las distintas operaciones productivas que realicen un balance hídrico adecuado en los salares y en las cuencas donde se ubican, lo que incluye la medición exacta y sin supuestos de este equilibrio hídrico.  La Dirección General de Aguas (DGA) ha instalado lisímetros en el norte chileno para medir la evaporación de estas aguas subterráneas, y así sumar la información que éstos entregan a los tradicionales domos de evaporación, que estiman la evaporación de agua subterránea por métodos indirectos. Con el cambio de estos domos a los lisímetros –mucho más precisos en su medición- la DGA busca tener un mejor control de los recursos de agua del país y del impacto de las distintas faenas. La autoridad está atenta.

Todo esto refuerza la idea de que son las mismas empresas las que deben ejercer el primer control. El autocontrol de las compañías es clave para la sustentabilidad de su negocio, del ambiente y de las comunidades en las que están insertas. Para ello se vuelve cada vez más relevante que entiendan cómo funcionan las cuencas, cuál es su balance hídrico y cómo se comportan con las faenas productivas.

La buena noticia es que hoy en el país existe tecnología de primer nivel que entrega  información exacta y relevante, como es el caso de los lisímetros, que les permitirá cumplir con la normativa exigida por el Estado y con los requerimientos de las propias comunidades.  Por lo tanto, ya no hay excusa para cumplir con el cada día más importante balance hídrico.

Por Pau Barceló, Gerente de Hidrogeología Suez Chile

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