Aprender de los vecinos


 

Los recursos naturales son fuente de riqueza potencial para cualquier país. Pero poseerlos no es garantía suficiente de desarrollo, como lo prueba la historia de la humanidad y también la realidad actual. Es necesario, además, una política estratégica que transforme ese potencial en crecimiento sustentable.

La reflexión se aplica a la perfección a la actividad minera. Catamarca, que no ha logrado tal cometido –transformar el potencial en desarrollo- luego de más de dos décadas de explotación de Bajo la Alumbrera, tiene la posibilidad de revertir este traspié a partir de la posibilidad que implica integrar la región que alberga el 70 por ciento del litio disponible en el mundo y que abarca también a las provincias de Salta y Jujuy, en la Argentina, y a Chile y Bolivia.

El litio es, por así decirlo, el mineral de moda, con múltiples aplicaciones en la vida moderna. No en vano es denominado como “el oro blanco”. De todos modos, más allá de su importancia estratégica, el rédito que cada país puede extraerle a su explotación va a depender de las decisiones y las regulaciones que cada Estado nacional adopte, vinculando además la política minera con la tecnológica y científica.

Al respecto, un estudioso en la materia aportó una perspectiva de análisis que resulta interesante considerar. Bruno Fornillo es doctor en Ciencias Sociales y en Geopolítica, investigador del Conicet e integra el Grupo de Estudios en Geopolítica y Bienes Naturales del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe. En recientes declaraciones periodísticas trazó una comparación entre los beneficios que la explotación del litio deja en Chile y Bolivia respecto de los que deja en la Argentina.

En ese marco, cuestionó que en nuestro país los recursos impositivos derivados de la actividad son muchos menores que en las naciones vecinas y la participación de las comunidades en los beneficios de los emprendimientos casi nula.

En Bolivia, fueron las propias comunidades las que impulsaron el control público del litio en 2007. Esta iniciativa es uno de los nueve proyectos estratégicos del país. El Estado controla las reservas de Uyuni, genera sus propias técnicas de extracción y creó la empresa Yacimientos Litíferos Bolivianos. Además, es socio de la empresa alemana ACI System para producir la química secundaria y las baterías para destinar al mercado europeo. El privado posee el 49% y el sector público el 51%.

Chile, por su parte, recauda 10 mil millones de dólares durante la etapa productiva, de los cuales 24 millones se reservan para financiar investigaciones y una cifra similar se orienta al desarrollo de las comunidades cercanas a los yacimientos. Además, destina el 25% de la producción al mercado doméstico a precios preferenciales y fomenta la producción de química secundaria y baterías en el país.

Analizar y aprender de las experiencias de los países vecinos, que tienen un grado de desarrollo mayor y políticas de desarrollo basados en los recursos que genera el litio, es una buena manera de adaptar las propias en la Argentina, que tiene riqueza similar pero beneficios sustancialmente menores.

Habrá que ver si existe la voluntad política de impulsar esos cambios.

El Ancasti

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