Derribando mitos


El Ancasti /

Hace poco más de 18 años, Andalgalá se había convertido en un foco de ebullición contra la explotación del proyecto Agua Rica. Todas las semanas, la plaza central de la ciudad era escenario de marchas ambientalistas, que finalizaban con un acto y discursos que abordaban casi siempre los mismos puntos: el valor del agua por sobre el oro, los efectos contaminantes de la minería a cielo abierto, la necesidad de proteger el nevado del Aconquija y la demanda de responsabilidad a las autoridades. Las manifestaciones se mantuvieron constantes durante largos meses. Para los vecinos de la Perla, tal movida era casi tan tradicional como la misa del domingo. Las autoridades mineras, por su parte, conservaban cierta distancia y ya ni esfuerzos hacían para impulsar una conciencia a favor del desarrollo del área.

Y la empresa Yamana Gold, concesionaria del proyecto Agua Rica, estaba inmovilizada, sin capacidad de respuesta ni de gestión institucional y social. Solo parecía conformarse con mantener una veintena de empleados en la sede central sin tareas concretas, apenas quizás con una función de vigilancia. Fue en febrero 2010 cuando Andalgalá estalló luego de una fuerte manifestación de ambientalistas –locales y de otras provincias- que bloqueaban el paso de los camiones que llevaban insumos para la minería. Ante el estado de rebelión y la posibilidad de incidentes, la Policía provincial envió refuerzos al departamento para liberar los caminos, y como era de esperar hubo duros enfrentamientos con los piqueteros. Pero también hubo choques en la ciudad, donde los manifestantes más radicalizados atacaron la sede de Agua Rica-Yamana Gold y quemaron un vehículo de la empresa. El saldo final fue casi un centenar de detenidos y una quincena de heridos.

Era el peor clima que se podría dar para la minería. Fue así que el juez de Minas, Raúl Cerda, dispuso que se paralizara la actividad de ese proyecto por cuanto no gozaba de “licencia social”. Y un año después, en  2011, la Secretaría de Minería emitió una resolución través de la cual declaró que el Informe de Impacto Ambiental (IIA) y la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) del proyecto Agua Rica son “técnica y ambientalmente inviables”. A esa altura, los ambientalistas ya habían presentado un recurso de amparo para frenar la actividad minera, argumentando que estaba en riesgo la calidad del agua. Y en 2016, el juez de Andalgalá Rodolfo Cecenarro dispuso suspender la actividad minera en Agua Rica y en el nevado del Aconquija. Pero Cecenarro fue recusado por los ambientalistas y la causa quedó sin juez. Hace un mes, el amparo regresó a su juzgado y el magistrado pidió al fiscal Alejandro Scidá que informe si se cumplió la medida que había dictaminado acerca de la suspensión de la actividad.

Y así se hizo. El 23 de noviembre pasado se llevó a cabo la inspección ocular ordenada por Scidá, de la cual participaron todas las partes involucradas:  el grupo ambientalista El Algarrobo, la UNCA, la Dirección de Gestión Ambiental Minera, la Municipalidad de Andalgalá, concejales y representantes de la empresa. Y en efecto, pudieron verificar que no se registró ninguna tarea de exploración desde la orden judicial. Así lo aceptaron los miembros de la comisión inspectora, luego de observar diferentes puntos de muestreo, campamento e instalaciones auxiliares.Es más, a pedido de los peritos ambientalistas, la inspección fue más allá de lo ordenado. Llegaron hasta el punto de mayor altitud de la propiedad minera (4.100 msnm), en el emplazamiento del área mineralizada para visualización del área del nevado del Aconquija (ubicado entre los 4.500 y 5.200 msnm) y a una distancia aproximada de 14 km. en línea recta fuera de la propiedad minera. En suma, allí quedó claro que las operaciones de exploración o de explotación del proyecto Agua Rica no afectarían al nevado. Si bien tal cosa fue consentida por los peritos, nada indica que el proyecto puede ponerse en marcha. En primer lugar porque Yamana hace años que busca negociar la concesión con otra empresa. Pero lo que los expertos pudieron ver “in situ” derriba mitos que circularon durante años acerca del peligro que asola al nevado.

 

 

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