Los nuevos rumbos de la minería


Los nuevos rumbos de la minería La gobernadora comenzó a ampliar los límites de la explotación minera con eventual salida por el Paso San Francisco.

 

Dentro de su dinámica gestión, durante la semana anterior, la gobernadora tuvo actos y referencias para la minería, la actividad que, desde hace más de 50 años, es considerada como el potencial motor de la economía catamarqueña.

Con no poca satisfacción en su rostro, participó de la apertura de sobres para el mejoramiento de ofertas orientadas a la exploración y explotación de los yacimientos Valle Ancho e Interceptor, que se ubican en un área de unas 100.000 hectáreas pegadas a la Cordillera de Los Andes, sobre territorio tinogasteño.

Como no podía ser de otra manera, más de uno escuchó hablar o leyó estos nombres con curiosidad, quizá por el desconocimiento de una zona que forma parte de los confines virginales del mundo.

Los yacimientos andinos que, entre tanto otros, se levantan a ambos lados de la frontera argentino-chilena, almacenan cantidades no precisadas de cobre y oro.

En cuestión de horas, Lucía Corpacci presidió otra apertura de sobres. Esta vez, la discusión de los interesados tenía como objetivo “Filo de las Vicuñas”, un área de unas 5.000 hectáreas que pertenece a Catamarca Minera y Energética (CAMYEN) y forma parte del conglomerado de yacimientos que existe en la zona, donde también se pueden contar importantes reservas de litio, “la niña mimada” de los mercados mundiales de la minería. En todos los casos, hay que repetirlo, hablamos de Tinogasta o de la jurisdicción fiambalense.

 

También Antofagasta de la Sierra

El martes pasado se repitieron sonrisas de satisfacción en la Casa de Gobierno.

La primera mandataria firmó un comodato con Energía Catamarca SAPEM por la cesión de un predio de 5 hectáreas durante 30 años y por el contrato de adjudicación para la construcción del Parque Solar Fotovoltaico “Antofagasta de la Sierra”, que será financiado con fondos provenientes de la minería y de la cual participará, junto al organismo que dirige Raúl Barot, la firma Air Total SRL.

Estos actos, que merecen ser destacados, representan el punto de partida de los trabajos que permitirán la mejora del servicio eléctrico en las alturas de la puna y, por ende, la calidad de vida de sus habitantes.

Se trata de una inversión cercana a los 50 millones de pesos que provienen del fideicomiso creado, en octubre de 2015, a través del acuerdo del gobierno provincial con FMC-Minera del Altiplano por el pago del canon de agua para la explotación del carbonato de litio en el Salar del Hombre Muerto. A esto debe añadirse que Catamarca recibirá el 1.2% de la facturación por la ampliación de la producción del carbonato.

Todos esos dineros, provenientes de la minería, van en beneficio directo del departamento más grande y menos poblado de la provincia. De allí la alegría de Corpacci al expresar “tengo la satisfacción enorme de comunicar a la ciudadanía y a los hermanos de Antofagasta el inicio del plan de energía fotovoltaica dual  que se hace con fondos del fideicomiso minero creado por el acuerdo con FMC”.

La mirada hacia el Pacífico

Que el desarrollo minero de Catamarca se haya instalado más allá de las riquezas andalgalenses y belichas que, históricamente, acapararon la atención de los gobernantes de turno, significa muchas cosas, las que tal vez no se valoren en su justa medida.

Significa que, por fin, Catamarca va a tener un programa de relevamiento de la totalidad de las riquezas mineras que, lo reiteramos, está más allá de Bajo la Alumbrera, Farallón Negro, Cerro Atajo o la promesa latente de Agua Rica que, en un par de años, podría estar produciendo grandes cantidades de cobre con oro asociado.

Significa que la provincia es reconocida a nivel mundial y en los foros más importantes, como el de Toronto (Canadá), como un centro minero de excelencia y susceptible de inversiones muy importantes, como las que se presentaron –Yamana, Roggio, etc- para los promisorios y casi desconocidos Filo de las Vicuñas, Valle Ancho e Interceptor.

Significa una cuestión estratégica singular porque la zona de explotación de los recursos tendría una salida prácticamente servida hacia los mercados asiáticos por el Paso de San Francisco que, para despertar el orgullo ambateño, sería utilizado como efectivo puente de desarrollo. La Aduana de Tinogasta, solitaria y de ritmos cansinos, se convertiría en nervio motor de una actividad que, esta vez, puede revertir el perfil de provincia marginal como nos supo calificar un excéntrico ministro de Economía de los años 90.

Significa, aparte de la salida por el Océano Pacífico (tan distinta a la complicada y onerosa ruta Catamarca-Tucumán-Puerto de Rosario que se vino utilizando para sacar al mundo la producción de Alumbrera y tendría continuidad con Agua Rica), que se pueden relevar y capitalizar los grandes reservorios mineros que laten a ambos lados de la Cordillera. Si los chilenos tienen detectados más de una decena de yacimientos de gran valor, como se trata del mismo trazado geológico, es más que probable que para nuestro lado ocurra lo mismo.

 

Enterrar el pasado

Desde que el Frente Cívico pusiera en marcha la explotación del Bajo la Alumbrera, mucho agua ha pasado debajo de los puentes.

Ese solo emprendimiento, aunque no se haya negociado de la mejor manera, dejó para Catamarca millones de dólares que fueron repartidos entre YMAD, el gobierno provincial y los intendentes. Sin embargo, el famoso salto hacia una mejor calidad de vida de los catamarqueños no se produjo. Por el contrario, quedó palmariamente comprobado que los dineros de la minería fueron mal gastados, durante décadas, por la política o sus inescrupulosos representantes.

Mientras eso ocurría, muy poco se avanzó en la organización de la minería y, por el contrario, se siguió hablando de “provincia minera” por encima de irregularidades como la inscripción irresponsables de los yacimientos o la existencia corrupta de la ex SOMICA. Para el mundo, obvio, Catamarca era la Alumbrera y nada más.

Los pueblos del Oeste –Andalgalá, Belén, Santa María- tienen motivos de sobra para expresar su pesar y reclamar, a viva voz, que no se cumplieron los cantos de sirena que prometía la actividad. Lo que no pueden argumentar es que no haya habido ganancias. Existieron y fueron cuantiosas, pero se escaparon por las canaletas de la irresponsabilidad.

Hoy, por suerte, tenemos un panorama distinto. Las bases de la minería y sus reglas de juego son asépticas y se pueden ofrecer al mundo como oportunidades de inversión.

Lo más importante. No hay una sola Alumbrera, independiente de la que explotó a cielo abierto. Hay varias. Algunas ya miran al Pacífico y dentro de unos años, siguiendo los tiempos de la minería, convertirían en realidad el viejo sueño de la transformación. Que así sea.

 

El Esquíu

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