Un pueblo minero escondido en pleno corazón de las sierras de los Comechingones


Se encuentra en la provincia de Córdoba a 25 kilómetros de Villa de Merlo. Allí entre 1895 y 1969 funcionó una explotación minera. Hoy es uno de los destinos preferidos del turismo por su historia, paisaje y misterio.

La mina de Cerro Áspero se encuentra a 25 kilómetros al noroeste de la Villa de Merlo. En Infomerlo quisimos conocer el lugar y su historia, para eso contamos con la guía de trekking Pamela Silva de Cerro Blanco Aventura, quien nos llevó hasta nuestro nuevo destino.

Partimos desde la Villa de Merlo realizando 20 kilómetros de asfalto hasta el Filo de las sierras de los Comechingones, luego cruzamos el límite interprovincial y continuamos por un camino de ripio hasta llegar al puesto del Tono. Desde allí comenzamos nuestro trekking de 5 kilómetros. Tardamos alrededor de una hora y media en llegar, desde que comenzamos a caminar. Fueron alrededor de 550 metros de desnivel por un sendero de mula bien marcado. El paisaje es asombroso. Caminamos entre nubes, rodeados de vegetación nativa, arroyos y custodiados por el vuelo de varios cóndores.

“El yacimiento fue descubierto en 1894 por Guillermo Bodenbender (geólogo alemán). Uno de los padres fundadores de la geología Argentina, vino como discípulo de Luis Brackebush a quien Sarmiento había traído a la academia de ciencias de Córdoba durante su presidencia”, explicó Pamela Silva. Bondenbender vivió 58 años en Argentina. Su obra fue muy amplia.

La mina abandonada y el Pueblo Escondido se ubican en el distrito minero de Cerro Áspero en el faldeo oriental de las sierras de los Comechingones, en la margen derecha del arroyo El Tigre a 2 mil metros de altura snm. Es una mina que fue iniciada por capitales alemanes e ingleses y era alimentada también con minerales que se extraían de otras minas situadas algunos kilómetros al sur. Contaba con grandes instalaciones que llegaron a albergar unos 400 mineros.

El mineral que explotaban era el wolframio en forma de óxido y de sales que se destinaba principalmente a la exportación, especialmente durante la segunda guerra mundial para su uso como material bélico.

El wolframio, wólfram o tungsteno es un elemento químico de número atómico 74 que se encuentra en el grupo 6 de la tabla periódica de los elementos. Su símbolo es la “w” y es un metal escaso en la corteza terrestre pero se encuentra en determinados minerales en forma de óxido o sales. Es de color gris acerado muy duro y denso. Tiene el punto de fusión más elevado de todos los metales y el punto de ebullición más alto de todos los elementos conocidos, se usa en los filamentos de las lámparas incandescentes, en electrodos no consumibles de soldadura, en resistencias eléctricas y es aliado con el acero en la fabricación de aceros especiales.

“El pueblo tenía su propio almacén, había un hospital, escuela y una capilla (ubicada en la puerta de la bocamina)”, contó la guía. Tenía su propia moneda, los trabajadores solo podían invertir su ganancia en el lugar. Era autosustentable. “El pueblo estaba dividido en tres partes la parte de los obreros que no tenían familia y vivían en las casas rosas que eran pabellones grandes con habitaciones donde dormían, enfrente estaban las casas blancas y ahí vivían las familias, había niños mujeres. Después estaban las casas donde funciona la cocina y el albergue principal era de los capataces y de los jefes de alto rango que vivían ahí”, dijo Silva.

La mina fue trabajada en un recorrido de 180 metros y a una profundidad de 35 metros. El material extraído se conducía desde la bocamina a la planta de concentración mediante un cable carril de unos 300 metros de longitud. La extracción dejó de ser rentable cuando la apertura de la economía terminó de sepultar el mineral, reemplazado por el importado de China a menor precio. En ese entonces el pueblo fue abandonado.

En la actualidad las instalaciones del asentamiento minero funcionan como albergue de montaña para los que deseen disfrutar de la naturaleza y recorrer el lugar. Los pabellones donde descansaban los mineros y las otras dependencias fueron adaptados a los visitantes respetando sus líneas para conservar su valor histórico. Carlos Serra fue quien transformó el pueblo minero abandonado en un refugio de montaña.

 

ARTE Y UN MUSEO DE DA VINCI A 2 MIL METROS DE ALTURA

Donde fue la herrería del pueblo minero, ahora funciona una sala de arte. “Carlos Serra quería utilizar un lugar histórico de mucha antigüedad, para hacer una sala de arte que refleje lo que es el pueblo, para eso reunió a artistas que habían hecho pinturas y fotografías de lo que era el pueblo y se exponen en ese espacio”, explicó Pamela.

Además en la sala de máquinas funciona también un museo de Da Vinci con réplicas de varios de sus inventos. Como las máquinas voladoras. El artista siempre mantuvo su emoción por la posibilidad de que la gente se elevara a través de los cielos como pájaros. Varias réplicas de esos inventos se encuentran en Cerro Áspero, también están los zapatos que diseño para caminar por el agua y una imagen gigantesca de su pintura de La última cena, su autorretrato y El Hombre de Vitruvio. También sus estudios sobre el cuerpo humano y sus textos escritos en su propio idioma inventado para no ser copiado. Un recorrido exquisito en un lugar único.

La vuelta a casa fue tras disfrutar del recorrido de cada una de las dependencias que formaron parte del Pueblo Escondido. Un lugar soñado y lleno de misterios internado en el corazón de las sierras. En el regreso,  el trekking de cinco kilómetros fue de alrededor de dos horas de ascenso hasta el puesto del Tono. Desde allí bajamos en vehículo hasta la Villa de Merlo.

Si te interesa vivir esta experiencia única, podés contactar a la guía para pedir más información: 2664-778557 – Cerro Blanco Aventura.-

 

Infomerlo

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