Educar en un pensamiento productivista


Entrevista con Facundo Huidobro, geólogo y presidente de la Cámara de Minería de Salta.

El miedo a las antenas de comunicación celular, a los transgénicos y a la minería a cielo abierto son una paradoja en un siglo en que la humanidad no podría vivir como vive sin esos recursos.

El geólogo Facundo Huidobro, presidente de la Cámara de Minería de Salta y miembro de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros, advierte sobre las exigencias que impone esta época en materia de políticas mineras, en incorporación de tecnologías para la industria y el agro, y en la orientación educativa hacia el desarrollo.

La Corte Suprema declaró inconstitucional la ordenanza que dispuso trasladar una antena para telefonía celular en el municipio de General Güemes. Ante la perspectiva de un boom minero en Salta y en el país, ¿cuál es la estrategia de las empresas para sortear este tipo de dificultades?

Hoy hay un conflicto en torno de quién maneja estos temas en cada jurisdicción. Y esto genera una zona difusa que es esencial precisar para que las empresas mineras, que programan inversiones enormes y a largo plazo, con alto riesgo, perciban garantías jurídicas. Las provincias consideran que las cuestiones ambientales son de su competencia y que la Nación cumple una función subsidiaria. Los municipios pretenden controlar ciertas decisiones y así aparecen casos como el de las antenas.

¿Y frente a esto?

Es una cuestión a resolver, pero nosotros tenemos que construir la confianza, en las antenas y en la minería, aventando los miedos con la explicación de los fundamentos técnicos, que los hay y que garantizan la preservación del ambiente y la salud. Es imprescindible determinar inequívocamente a cargo de quién está el control ambiental. Es esencial para el inversor, que necesita reglas claras y a muy largo plazo.

¿Prevalecen más los miedos irracionales por sobre las razones técnicas y los intereses del Estado?

El tema es el facilismo, que utiliza «chivos precautorios»: si existe algún riesgo, aunque no esté probado, «entonces no hagamos nada». Es más fácil sumarse a los miedos de la gente que buscar los fundamentos técnicos.

Y los fundamentos técnicos son los que permiten avanzar en la dirección correcta y tomar las medidas de seguridad para evitar contingencias de riesgo.

“Es más fácil sumarse a los miedos que trabajar por el desarrollo. Los metales son accesibles gracias a la minería de superficie”

No conozco ningún geólogo que convalide los conceptos de «glaciar» y «periglaciar» que se utilizaron en la ley de protección de los glaciares…

Persiste un abanico de dudas, que dan lugar a la subjetividad. Esta incertidumbre es perniciosa. Existen diferencias entre los geólogos, y también influencias ideológicas, carentes de objetividad científicas, que se embanderan contra la minería, y esto incluye a muchos geólogos.

Hay una contradicción entre el consumo cotidiano y las preferencias de la gente, que se satisfacen con inversión minera y tecnológica, y los miedos.

Es lo que pasa con la satanización de la «minería a cielo abierto». La mayoría de los metales, más del 90%, todos de uso cotidiano, se extrae en la minería de superficie. Si se prohibiera esta modalidad, habría menos oferta de metales, que se encarecerían brutalmente. Un vehículo costaría diez veces más, una casa, muchos bienes esenciales se harían inalcanzables para el común de la gente. Por ese camino, esos bienes quedarían reservados a una elite de muy altos recursos. Es lo mismo que pasa con los transgénicos, estigmatizados sin fundamento y que, sin embargo, son el recurso que brindó la ciencia para alimentar a millones de personas en un planeta amenazado por hambrunas. Esto es responsabilidad social y los que hacen juicios parciales, emocionales y sin fundamento deberían hacerse cargo.

¿Qué se busca frenando el desarrollo agroindustrial?

Preservar el monte y combatir el hambre son necesidades a resolver. Hay una realidad: la remineralización del suelo es imprescindible para optimizar la producción y aumentar sustancialmente los volúmenes; y se puede hacer gracias a la minería. Hoy, gran parte de la exportación minera argentina se realiza en la exportación de cereales, oleaginosas y legumbres, que son el resultado de la remineralización del suelo. Esto hay que asumirlo cuando, peyorativamente, se habla de agrotóxicos.

La lucha contra el hambre, y la vida actual, requieren de la tecnología, hay que entenderlo.

Y con los celulares pasa algo parecido: se necesitan antenas. Ejemplo: en algunos municipios no se permite la minería, pero el argumento es «que la hagan en otro lado». Pero allí la gente consume productos provenientes de la actividad minera.

¿La decisión política se impone sobre la racionalidad de la ciencia?

La dirigencia política toma decisiones al margen de cualquier soporte técnico y científico.

Es alarmante la ausencia de conocimiento técnico de los legisladores, pero tampoco les interesa entenderlo. Ignoran el asesoramiento. Buscan seguir la corriente, para evitar conflictos.

Cuestiones delicadísimas como la ley de glaciares se convierten en moneda de cambio político. Por eso es más importante mostrar a las comunidades los beneficios de la actividad y no esperar que lo asuma la política.

“La minería, como los celulares, son esenciales para la vida cotidiana. El inversor elige países sin claroscuros ni fragilidad en las decisiones”.

¿Les cuesta a las empresas comunicar eso?

Es una falencia gravísima. Que el tema de las antenas haya llegado a la Corte Suprema de a Nación es un indicio de nuestra incapacidad de comunicar los beneficios, los riesgos y las garantías de la tecnología.

Es lo que dice José de Castro en Minería positiva…

Está faltando comunicación, es cierto. Pero hay un cambio: las necesidades enormes de trabajo que hay, por ejemplo, en nuestra provincia, hacen que dejemos de preguntarnos sobre si «minería si o minería no».

Hoy nos preguntamos cómo hacerlo para cumplir con todas las garantías ambientales y sociales. Pero afrontamos un problema social: las encuestas muestran que el 80% de los argentinos reconoce que no entiende nada de minería. No se enseña nada sobre el rol de esta actividad en la vida cotidiana. Y en el sistema educativo, lo único que le dicen es que la minería es contaminante… ¿Con qué fundamentos? ¿Y cómo se explica entonces que consumamos ávidamente los productos de la minería? Es irracional.

¿Qué espera la industria del sistema educativo?

No existe en la currícula educativa un tratamiento positivo de la minería, que es una de las actividades más importantes que se presentan para el país. Es un potencial enorme de generación de los nuevos empleos.

¿Qué opinión le merecen las tecnicaturas universitarias anunciadas por la UNSa?

Hay que rediseñar toda la currícula hacia un perfil productivo. Si queremos desarrollar la actividad económica en Salta, tenemos que orientar la educación hacia un pensamiento productivista, en minería, agro y todas las nuevas tecnologías que se vienen. Un pensamiento estratégico obliga a percibir el futuro.

Pero esto es imprescindible: mirar lo que va a hacer falta. Y esta muy bien el proyecto de tecnicaturas porque hacen falta ingenieros, pero también muchos técnicos, con títulos intermedios.

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