Cornejo, el minero: el impacto político detrás del impulso de esa actividad


El Gobernador dejará aprobado al menos un proyecto metalífero. Será una señal, tras un sigiloso impulso de esa actividad. El debate por las industrias extractivas toma fuerza, pero los candidatos que más chances tienen de llegar al poder las quieren impulsar.

La audiencia pública realizada para evaluar el proyecto minero Hierro Indio es el primer paso de un hecho político que para el Gobierno de Alfredo Cornejo será importante y mucho más para la próxima gestión. Antes de fin de mes, la Declaración de Impacto Ambiental llegará a la Legislatura para ser tratada. Será el primer proyecto minero metalífero que el Ejecutivo intente que sea aprobado desde que Cornejo está en el cargo y marcará una especie de señal para el desarrollo de esa actividad. El debate legislativo se dará probablemente de manera solapada con las elecciones; nuevamente.

Hierro Indio es un proyecto que en su etapa de exploración no tiene altos riesgos ambientales y es probable que pase el filtro legislativo. Será, entonces el primer proyecto minero metalífero que cumpla con todas las pautas de la ley 7722. Al mismo tiempo, el 1 de octubre para ser precisos, comenzará en San Rafael el proceso de saneamiento de los pasivos de la mina Sierra Pintada, una de las deudas ambientales más acuciante de la historia de Mendoza. La Comisión Nacional de Energía Atómica, responsable de esa basura peligrosa, es quien ejecutará los trabajos que tienen una particularidad: para sanear esos pasivos, es necesario realizar el mismo proceso minero que en la etapa de producción y se usarán sustancias prohibidas para la explotación (no para la remediación) minera por la ley 7722.

Cornejo ha esquivado la polémica discursiva con el tema minero, pero está a favor de desarrollar esa actividad. Igual que con la modificación de la ley 7722. Pero lo ejecuta a la manera Cornejo: con una estrategia detrás. Por eso dejó que se construyera la política de Estado de Minería (plasmada en un documento redactado por Emilio Guiñazú) y también avanzó en el “emprolijamiento” de los proyectos. Eso incluyó darle de baja al intento de San Jorge por reflotar el viejo esquema que ya había sido descartado y también el impulso silencioso de otros. A la “manera Cornejo”, Hierro Indio también se aprobó por la vía legal más corta.

Como ocurrió con muchos de los planes petroleros donde se hace fractura hidráulica, buscaron la norma por la que más rápido pudiera ser aprobado. En este caso en vez de hacerlo a través de la ley ambiental 5961, se hizo con la nueva ley de procedimientos administrativos que acorta tiempos. En ese caso, por ejemplo, no era necesario hacer audiencia pública; pero decidieron hacer una igual para evitar suspicacias. Los trabajos de exploración de Hierro Indio arrancarían antes de diciembre y en un par de años podría estar el plan de explotación. Para ello es clave la viabilidad económica y, en ese caso, si la empresa decide avanzar sola o buscar socios más grandes.

Petróleo, minería y vino: por qué el «ambientalismo» aporta valor agregado
Pero para Cornejo ya estará “hecho”. El próximo gobierno tendrá en sus manos si avanzar o no de manera más firme con el desarrollo de esa industria. De los cuatro candidatos a gobernador, hay dos que impulsan esa actividad y son justamente los que más posibilidades tienen de ganar: Anabel Fernández Sagasti y Rodolfo Suarez. Así lo hicieron saber a los empresarios mendocinos en varias reuniones privadas. Noelia Barbeito y José Ramón, por el contrario, se disputan el voto anti minero.

Qué hacen los vecinos
En Mendoza se calienta el debate sobre las industrias extractivas como la minería y el petróleo no convencional y las comparaciones son inevitables.

San Juan tiene como eje de su desarrollo económico a la minería, industria que se impulsa sin restricciones ni oposiciones. Desde que comenzó a explotarse la mina Veladero en 2005, hubo un éxtasis minero. Ese camino coincidió con un proceso de inversión en infraestructura pública y de concentración política (llevada adelante por José Luis Gioja y el Gobierno nacional) que potenció la idea de que San Juan creció mucho más que el resto del país. En algún sentido es verdad. Así, por ejemplo, la provincia vecina ya exporta más que Mendoza por el oro que vende (solo ese producto potencia las ventas al exterior) y tiene un registro de empresas envidiable (muchas de Mendoza). Sin embargo, tiene más pobreza y mucha más dependencia del empleo público que Mendoza. En San Juan se genera riqueza, pero hay desigualdad en cómo se distribuye. Ahora está en proceso de ampliación de su matriz productiva para que la riqueza concentrada que genera la minería se reinvierta en otras actividades.

Neuquén es la capital del petróleo y la técnica del fracking permitió que el crudo que está guardado en la roca desde hace millones de años se convierta en una especie de caja de ahorro, en un plazo fijo en dólares para esa provincia y el país. Esa provincia ya tiene una economía más grande que la de Mendoza, pero con un tercio de la población. Claro, esa riqueza se mide en cantidad de dinero y, nuevamente, no es diversidad y distribución. Pero no alcanza: los productores primarios de esa provincia (que exportaban manzanas) no están incluidos del todo en el replanteo de esa matriz y aún no está claro cuál es el plan provincial para armonizar las “dos economía”: hay precios y variables medidas en “sueldos petroleros”, pero no toda la provincia puede acceder. Sumado a una variable demográfica: la Provincia tiene una expansión poblacional enorme que ya tiene repercusiones fuertes en la comunidad.

Probablemente los modelos de San Juan y Neuquén sean un buen ejemplo para Mendoza si quiere potenciar las industrias extractivas. Pero no para imitar. En los dos, por ejemplo, se ejecutó sin crear una estructura normativa y social que advierta riesgos y contenga. Mendoza tiene mejores anticuerpos legales y sociales para prevenir y será un desafío que estén activos.

La propia provincia tiene antecedentes de sobra para no cometer los mismos errores. En minería por ejemplo, hay varios. Lo que ocurrió con Sierra Pintada, donde quedaron los pasivos ambientales generados allí y hasta en Córdoba, marca todo lo que no hay que hacer. Esa herida recién ahora comenzará a cicatrizar. Pero hay más. El fracaso de Potasio Río Colorado también marca las carencias de Mendoza para afrontar grandes proyectos. En ese caso no por problemas ambientales. La empresa brasilera Vale dejó una ciudad fantasma en Malargüe, pero antes la voracidad de empresas locales y también del propio Estado se encargaron de estrujar lo más que pudieron sin pensar en el futuro. Hay cientos de anécdotas sobre cómo se sobredimensionaron las deudas que tenía Vale con algunas empresas locales. Esos datos no pasan desapercibidos en el mundo minero.

Nuevamente el debate sobre la minería se dará en Mendoza con una crisis económica como marco. Ya había ocurrido en 2002, cuando comenzaron los primeros impulsos para explorar la cordillera. Probablemente las crisis no sean el mejor momento para fanatizar discursos y por eso mejor enfriar la cabeza. Mendoza necesita desarrollar su economía y sus recursos. Pero el desarrollo no puede ser a cualquier precio.

Mdz

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