La historia se repite

Gloria Martínez (51) no tenía un mes de nacida cuando su papá la llevó a vivir con su abuela que llegó a criar hasta quince nietos. Lo hizo sola, trabajando en lo que podía. Cuando Gloria terminó la escolaridad primaria se fue a Trelew a buscar mejores oportunidades. Por años, fue empleada doméstica y lo sigue siendo en Gan Gan. Tuvo cuatro hijos y también sacó sola a su familia adelante. Su caso, que muestra valentía femenina frente a las carencias, no es el único y se reitera hasta el día de hoy.

“La historia mía es muy triste, a mis hermanos los llevaron a un internado de Esquel y yo por ser mujer me quedé acá”, dijo Gloria Martínez, la chubutense que vive en la Meseta, precisamente en Gan Gan, y que supo afrontar las dificultades.

“Era bebé, tenía quince días de haber nacido y mi padre me trajo a Gan Gan porque falleció mi madre. Viví con mi abuela paterna hasta los 13 años y después me fui a Trelew a trabajar para poder progresar y hablar, porque no sabíamos expresarnos. Al menos yo no sabía dialogar con la gente así que tuve que salir un poquito del pueblo para civilizarme. La abuela crio a una gran cantidad de nietos y después quedamos cuatro mujeres. Unas primas y yo, que siempre fui más buscavida. Ella siempre luchó sola, por eso quizás también yo también salí a luchar. Tenía su campo, su caballo, hacía la esquirla y nosotras la acompañábamos”, comentó.

Gloria relató que ella y sus primas iban a la escuela apenas con un cuaderno, una lapicera y un lápiz. “Con eso estudiábamos. Hoy tampoco avanzó mucho Gan Gan en ese sentido, no hay mucho progreso. Recuerdo que mi primer trabajo fue de moza en Telsen, después conseguí trabajo en una chacra como empleada doméstica cuidando a dos nenas, donde trabajaban unos gerentes de una fábrica. De ahí me fui a una parrilla de Trelew, después tuve otro trabajo y a los 20 años me quedé embarazada. El papá de Leonel, mi primer hijo, nunca lo reconoció. No tenía casa y estuve cinco meses internada en Gan Gan sin ayuda. Nació mi hijo y todos los del hospital lo vistieron de pies a cabeza. Cuando salí de ahí, no tenía un hogar a donde ir y me recogió una familia”, detalló Martínez.

A los pocos meses conoció al papá de sus otros tres hijos: Simón, Maico y Joel, pero no convivieron como pareja. “Me separé cuando Simón tenía dos años. Él nació en Gan Gan y ese día no había médica, me tuvieron que atender las enfermeras y, mientras llegaba la doctora de Telsen, ellas me hicieron el parto. Hoy en día tampoco tenemos esta atención médica en el pueblo. Son muchas las necesidades que pasamos en el interior. Duele el corazón y más si criás a tus hijos sola como lo hice yo”.

Sin oportunidades

Al comienzo de esta crónica, Gloria Martínez adelantó que su historia es triste. No es para menos. Su primer hijo, Leonel, murió a los 22 años en un accidente mientras acompañaba a su papá a la esquirla. “Te rajan el corazón con un cuchillo y nunca se te sana. Me había abandonado mucho, no tenía ganas de nada y un día les dije a mis hijos que iba a llevar la casa como se debe y que teníamos que luchar para adelante porque ellos no tenían la culpa de que Leonel falleciera”, comentó la mujer que buscó a sus hermanos que quedaron en un internado y pudo conocer a dos.

Gloria dijo que está a favor de la actividad minera en la Meseta de Chubut “por el desarrollo de los chicos. Hay niños que pasaron por lo mismo que pasaron mis hijos, frío y hambre porque, a veces, la leña no te alcanza. Siempre apoyé la minería. Los chicos tienen que salir a la esquirla, dos o tres meses padeciendo horas de ruta y frío para llegar a un puesto y ganarse un peso. La juventud, y también la gente grande, no tienen trabajo”.

Gloria ama cocinar y las plantas, vive con sus hijos Maico y Joel y asegura que le gustaría tener un quiosco. Sabe que su hijo menor tendrá que irse del pueblo el año próximo para estudiar, como hacen muchos jóvenes. Reconoce que le costará aceptar que está lejos y que para él será todo un desafío. “Uno de mis hijos se fue a estudiar la carrera de policía a Trelew y tuvieron que ayudarlo unos extraños y se volvió a Gan Gan porque comía él allá o nosotros acá. Después se fue a Rawson para intentar y regresó. Si hubiese tenido oportunidades acá no se hubiera ido a sufrir, ni nosotros hubiéramos sufrido tanto porque se fue”, indicó.

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