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La minería argentina, entre la euforia y las dudas

Por Daniel Bosque

Pasó otro 7 de mayo, Día de la Minería en este país, con inevitables alusiones a Sarmiento, Joaquín V. González y otros precursores. Y el recuerdo del origen mineral de la palabra Argentina.

Por ser domingo, las ceremonias y festejos se corrieron. Por ejemplo, el de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros, que será una cena, con o sin Sergio Massa, el próximo 24 en la Exposición Internacional de Minería Argentina (Arminera), en la Rural.

Mientras, en todo el país minero ya se desplegaron reuniones y debates. Con mensajes, algunos de los cuales que podrían denominarse como las Crónicas de la Asintonía. En geometría, asintonía es cuando una línea recta se acerca indefinidamente a una curva, pero sin llegar nunca a encontrarla.

Es otra versión del desencuentro de argentinos, de inconsecuencias entre el ser y estar de la minería hoy.

Senderos que se bifurcan, como diría Borges. O la distancia entre los discursos de la Nación versus mensajes de las empresas y cámaras, y qué dicen los gobiernos provinciales. Veamos: la Secretaría de Minería de la Nación sigue tenaz en su rol de supergerente de marketing de la Industria, cobijada en sus estadísticas halagüeñas sobre empleo, producción, inversiones y la infaltable inclusión de la mujer.

El sector privado podría preguntar a los funcionarios frente a tanta felicidad, por ejemplo: si somos tan buenos y bonitos, el futuro clave para el país, por qué la política económica no nos trata mejor.

Y están por otro lado, los feudos provinciales, que comenzaron su maratón electoral, despegados por las dudas de las urnas presidenciales y eyectados de la crisis argentina como si se tratara de otro país. Algunos se golpean el pecho con que sus comarcas son las mejores del mundo, con o sin Informe Fraser.

Tal como cantaba Joaquín Sabina, «algunas pastillitas para no dormir»:

Entre este presente y los sueños 2030 hay, para no ir tan lejos, un montón de SIRA y SIRACE, los permisos de importación sin aprobarse. Tantas como 4.000, «un montón», acaba de reconocer CAEM.

Minería, peor aún, es el sector con ratios más bajos de liberación de permisos, según el jugoso informe actualizado que suele compartir el consultor Julio Fonrouge.

«Tenemos un canal abierto con las secretarías de Minería y de Comercio» sostuvo Franco Mignacco, líder de la central minera, en la presentación de Arminera.

– ¿Pero hubo alguna respuesta? preguntó CLUBminero

-No, por ahora…

– ¿Y en el tema del dólar especial para liquidar exportaciones mineras?

– Tampoco…

Así estamos. En la misma rueda de prensa volvió el eterno parangón de Argentina y Chile (US$ 60.000 millones de exportaciones versus US$ 4.000 millones, casi igual que hace 20 años). Faltó Perú, para completar la comparación entre dos gigantes y un enano.

Con cada desaguisado de los vecinos mineros de la región, que no han sido pocos, aquí se frotan las manos. Hay empresarios que prometen alegrías, pero hay una carrera de obstáculos que describen fuera de micrófono para no dañar la imagen de sus negocios.

Asintonía y asincronía

Además de asintonía, no hay sincronía: CAEM proyecta triplicar exportaciones de acá a 2030, pero la secretaria Fernanda Ávila dice que se multiplicarán por cinco.

Hay otras voces que saltan al ruedo. El empresario y dirigente sectorial Ricardo Martínez sugiere quitar un cero a los pronósticos de inversión minera de Ávila. A raíz del cepo y el «gap» del dólar por el que vendés a $200 y pico, y te costeás a 400 y pico.

El torniquete argentino hermana a la minería, ahora mejor mirada por políticos y otros públicos, con otros sectores. A las mineras no le ha pegado la sequía que en la Pampa húmeda hace que los productores imploren por 100 mm de lluvia este mes para poder sembrar trigo. Pero la sed de divisas y permisos le está cortando dramáticamente la vida a las minas de oro y plata. Y retrasando decisiones de enterrar inversiones en cobre.

En el medio apareció recién el demorado informe Fraser, que mide el humor minero, sobre todo en la exploración mundial. Más allá de la euforia sanjuanina, que logró colarse en lo mejor del atractivo regional, el index muestra el desbarranque de este país y otros tantos de América Latina.

Por diversas razones, pero en todas, por acción u omisión, aparece la política. Para hacer más escueto su ranking, la encuesta Fraser borró de su listín a las provincias argentinas que «ni fu ni fa» con la minería, entre ellas Chubut y Mendoza. Algo habrán hecho o algo no habrán hecho para ello.

Otras provincias, en cambio, albergan un sinnúmero de exploradoras que listan en las bolsas mineras mundiales que están atentas a cualquier señal argentina.

La principal es la perspectiva de un cambio de gobierno y de política monetaria y cambiaria. Al igual que a fines de 2015, pero con la virginidad perdida y más desengaños en el lomo.

El litio argentino ha repuesto con el mejor precio y un 30% más de producción, lo que en exportaciones viene perdiendo en sus complejos oro-plata. Los artículos e informes sobre el cobre argentino podrían llenar un voluminoso compendio. Pero por ahora se va corriendo hacia el final de la década. Es verdad que mientras más tarde se decidan, aprueben y comiencen a construirse minas, más sombrío será el horizonte del segmento «no litio» argentino.

El litio es el metal del momento. Hoy todos son expertos y sobre todo unos cuantos quieren sacarle la tajada mayor dentro del pandemonium nacional. Hoy en Argentina hay un debate al rojo por la renta y la industrialización, pero la industria debería prepararse para la polémica por el impacto ambiental que madurará, como pasó en Chile, con la extracción en seis salares nuevos en el corto plazo. Ni qué hablar de un horizonte de 35 proyectos en el largo horizonte.

En el macrismo, cuando no había madurado este racimo de proyectos en los salares del NOA, los mentores del cobre de Catamarca y San Juan decían que una mina de cobre equivale a media docena o más de litio. Pero el litio creció rápido y atrajo a la construcción y la provisión de suministros y servicios.

En el NOA, con crisis de un crecimiento solo frenado por la mishiadura argentina, los gobiernos provinciales y los negocios deben pulsear con asiáticos varios, en especial los chinos. Que son como logias, que no aparecen en los foros ni en las redes ni en la prensa. Pero que han copado activos, intentando goles de media cancha, como es desplegar las inversiones con sus profesionales, obreros y contratistas. De eso no se habla, suele hablarse poco en ningún lugar del mundo. ¿Entonces es negocio hacer minería en la Argentina?

Claro que sí, como lo demuestra la cantidad de empresas y profesionales que se ha reconvertido a esta actividad. Que festejaron su día en latitudes inhóspitas o en asados urbanos. Pero nadie te regala nada en el país del abanico de dólares y del 127% de inflación al cierre de esta edición.

La clave está en no pasarse de largo en la curva. Mirar con cuatro ojos que el GPS te puede llevar al podio o al fondo del precipicio.

El tribuno

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